Otras miradas

A rey muerto, rey puesto

Jorge Caldera Serrano

El Rey Emérito Juan Carlos I saluda desde un vehículo a su salida de la casa de Sanxenxo camino de Madrid, a 23 de mayo de 2022.- Álvaro Ballesteros / Europa Press

La expresión "a rey muerto, rey puesto" no deja de ser la alternativa monárquica de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". Pero la primera frase tiene además un componente de resignación, de inamovilidad, de que ya sea uno u otro "la vida sigue igual", que la muerte solo cambia el nombre -y al hombre- pero no la institución. Que nos ha tocado la monarquía por castigo y ya se pueden morir mil reyes que siempre tendremos un recambio. Seguramente de ahí viene la necesidad de multiplicarse y contar con familias reales que más bien parecen del "Opus", por el número de hijos me refiero no por sus inclinaciones políticas, filosóficas o eróticas, que ni conozco a todos los reyes y ni muchos menos a todos los del Opus (aunque apostaría que sería difícil encontrar las siete diferencias).

No creo que sea muy interesante compartir mis reflexiones sobre la muerte de los monarcas, una tendencia que comparten con súbditos, plebeyos, personas y peatones, que los iguala en rango de humanidad y de realidad, aunque el hecho último de morir como el primerísimo de nacer es de lo poco que nos hace parecernos a la misma especie.

Claro que tienen grandes privilegios, claro que se pegan una vida "a cuerpo de rey", claro que es una institución más añeja que el tocino de veta, y claro que como sociedad nos lo tenemos que hacer mirar vía biopsia para entender cómo dejamos que esta imposición sea asumida con normalidad en una sociedad democrática, donde los consensos y acuerdos deben alcanzarse por el diálogo, o en su defecto, por las dictaduras de las mayorías decidas por votaciones libres con información veraz.

Los primeros reyes vienen de la evolución lógica de la especie, los reyecillos eran aquellos que gracias a su fuerza bruta tomaban el mando, dejando solo el trono cuando eran "desmochados" por otro más bruto y normalmente más joven. Muy instintivo y animal. Con el transcurrir del tiempo, vieron que esta fórmula debería ser superada si querían mantener privilegios, y evolucionan -cual Pokemón- a formas más sutiles en las que el control y la autoridad ya no procedía de las condiciones físicas personales sino de sus ejércitos y de un mandato divino, siendo los ejércitos quien controlaba lo terrenal y la Iglesia la parte divina con la amenaza de la condena eterna "por siempre señor". Utilización del miedo como control en la vida y en el más allá, el miedo como herramienta para contar con súbditos sumisos y, por supuesto, productivos. La unión de toda la vida de la religión con el poder.

Pero ese rayo divino por el que eran designados los reyes acojonaba al pueblo ignorante mas no a las familias reales, por lo que la peleas entre hermanos por medio de sus ejércitos se convirtió en norma para acabar de aclarar la descendencia real. Y con este panorama, llegó la hemofilia, los excesos, el descontrol, las colecciones de pornografía, los yates y regatas, y la comunión constante con los que manejan "el taco gordo" y no con los súbditos de salario base.

Ahora ya no tenemos guerras civiles, ni entre hermanos ni con los súbditos (antes sí, recordemos los pescuezos rebanados de otras épocas). Nos han inoculado la idea, como microchip en vacuna contra el covid-19, que es la mejor opción frente a la posibilidad de que sean políticos los que ejerzan ese cargo, casta repleta de ignorantes que al ser elegidos de forma democrática pudieran dilapidar privilegios.

Es verdad que llegado a este momento, y tras muchas vicisitudes históricas generadas por sus excesos (véase destierros, dictaduras, guillotinas y repúblicas), las monarquías han mutado, de tal manera que mandar, cada vez mandan menos, aunque no tan poco como nos venden.

Y si seguimos pensando que tiene que existir una familia real para la salvaguarda de los valores patrios, al menos, podríamos plantear otras fórmulas que no sean la herencia genética. Pongo sobre la mesa otro método planteado por el filósofo Pepi Tre para el relevo, que es la sucesión de la monarquía por esquejes, por esquejes reales claro. La plantación de un "cacho real" no deja de ser novedoso. O algo más democrático, llevarlo a cabo por sorteo. A quién le toque, ese año, a tope. Quizá pienses que son formas ridículas, no te quitaré yo la razón, pero son fórmulas tan absurdas como pensar que la sabiduría pasa de padres a hijos, si es que el padre tiene esa sabiduría, por medio de relaciones coitales fructíferas que no siempre placenteras.

Quizá, a ver que os parece, podíamos ver entre todas y todos cuál es el sistema que nos interesa, cuál nos parece más oportuno, qué modelo es el que nos viene mejor o entendemos que es el más ético, el más coherente, el más democrático.  Al final, esto solo consiste en tomarnos, y en que nos tomen, como personas adultas con capacidad de pensar y decidir nuestro presente y nuestro futuro.

No me vale la excusa de que el sistema monárquico actual fue elegido democráticamente. Decir eso ya son ganas de embarrarlo todo para que todo siga igual. Durante la Transición se votó a la monarquía junto con un revuelto de iniciativas que llevaban a España, con más o menos fortuna, a un camino democrático. Fue un revuelto demasiado compacto como para posicionarse contra la monarquía, y el pueblo votó no por instalar a un caudillo real sino por caminar hacia adelante dejando atrás la España del NO-DO.

Siempre se ha dicho de Juan Carlos I que era el "rey cuchara", que ni pinchaba ni cortaba, pero vaya, sí que ha cortado sobre todo el bacalao en su propio beneficio, y no solo lo digo yo, sino todos los medios monárquicos que lapidan al abudabí para defensa y supervivencia de Felipe, rey de los "unos", de los suyos, pero no de todos. No es una institución inocua, ni gratuita, está dentro de un entramado de intereses y lejos del bien del pueblo al que se dice querer.

Y duran, y duran, y duran, y siempre hay otro preparado para el relevo, cualquier cosa menos que sea el pueblo el que decida cómo organizarse, no vaya a ser que "estos jodios" decidan en su propio beneficio sin contar con los intereses de los de siempre. La monarquía no es solo la solución impuesta por un grupo de políticos durante la Transición, es la solución dada por los privilegiados del franquismo, asumido por los privilegiados de la Transición que potencian los privilegiados del Siglo XXI.

Nuestra Almudena Grandes murió sin conocer la III República, y seguramente yo acabe mis republicanos días en el reino de Felipe y Letizia antes del cambio, pero lucharé para que dejemos de ser súbditos, para que vivamos en una sociedad donde lo importante no sea de dónde vienes sino a hacia dónde y con quién caminas.