Otras miradas

Madrid, unidad de la izquierda y 'Reservoir Dogs'

Guillermo Zapata

Una escena de Reservoir Dogs

Reservoir Dogs es la opera prima oficial de Quentin Tarantino (hay una película anterior de la que el propio director reniega). Se trata de un grupo de ladrones de gatillo fácil, verbo florido y poca paciencia que son contratados para realizar un trabajito. No se conocen entre ellos y utilizan nombres en clave: Señor Naranja, Señor Blanco, Señor Rubio, Señor Rosa, etc. El atraco sale mal y la película tiene que lidiar con las consecuencias de algo de lo que no veremos prácticamente nada. En la resaca del fracaso los protagonistas empiezan a desconfiar los unos de los otros hasta terminar apuntándose con sus pistolas en un fuego cruzado del que difícilmente puede salir nadie con vida. Entre medias hay traiciones, mutilaciones, temazos y reflexiones sobre el sentido de las canciones de Madonna.

Ahora hablemos de Madrid.

El próximo 28 de mayo hay elecciones municipales y autonómicas en una gran parte de comunidades autónomas y en los municipios de toda España. Desde que en 2013 Podemos irrumpiera en la esfera pública se ha sucedido un debate que era extraño hasta entonces: la unidad. Primero entorno a Podemos e Izquierda Unida, después a través de candidaturas de Unidad Popular y los procesos municipalistas y, posteriormente, especial aunque no exclusivamente en Madrid, sobre si los distintos proyectos que nacían de eso que podríamos llamar "Espacio del Cambio" o que en ocasiones se nombra como "El Espacio a la izquierda del PSOE" deben caminar juntos o separados.

En primer lugar, creo que hay que partir de una situación particular en dos sentidos. Por un lado, una Comunidad Autónoma en la que el experimento de "tres derechas" que conforman un bloque ha sido especialmente virtuoso y la descomposición de uno de los ejes de ese bloque (Ciudadanos) no ha mermado las oportunidades del mismo para triunfar, por otro lado, un papel subalterno del PSOE, tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento de la capital, donde es Más Madrid quién mantiene la hegemonía de la oposición. Esa condición subalterna, sin embargo, no se repite en muchos de los importantes ayuntamientos del sur de la región donde el PSOE gobierna generalmente con Podemos o con candidaturas municipalistas de diverso tipos y donde Mas Madrid entró con menos fuerza en 2019 (crecer en esos territorios es parte de la estrategia del partido verde en 2022). Eso hace que la denominación "espacio a la izquierda del PSOE" sea poco útil para definir los ejes de cualquier proyecto progresista.

Por su parte, Más Madrid y Podemos han expresado ya mutuos vetos. Hay que tener en cuenta que Más Madrid ha tenido sus mejores resultados electorales cuando se ha separado del espacio de Podemos y también que Podemos tiene que probar la fuerza de su marca para enfrentar la fase que, muy probablemente, sea el centro de sus debates: ¿cómo llegar con fuerza suficiente a unas generales donde tendrán que decidir de qué manera se relaciona con el proyecto de Sumar lanzado por Yolanda Díaz, que ya ha dicho que no va a participar del ciclo autonómico y municipal? La elección ha sido la de reforzar la identidad. Las elecciones madrileñas tienen, por tanto, un sentido distinto para cada uno de los espacios políticos. Por eso no me parece descabellada una opción a tres fuerzas. La pregunta a resolver es si existe y con qué fuerza un espacio que no sea ni el de Más Madrid ni el del PSOE en tanto en cuanto ni Podemos ni IU tienen hoy por hoy representación en el Ayuntamiento de Madrid, un espacio clave en sí mismo y como punta de lanza para conseguir representación en la Comunidad Autónoma.

Hay dos datos que pueden ayudarnos a identificar ese hipotético espacio. En 2019 la candidatura municipalista de Ahora Madrid se dividió en dos. Mas Madrid fue la candidatura que encabezó Manuela Carmena y que consiguió ser la primera fuerza en voto de la ciudad, mientras que la otra candidatura, Madrid en Pie, tuvo 42.793 votos, un 2’63%. Podemos asumir que el suelo de ese espacio estaría en ese resultado al que le faltaron aproximadamente 40.000 votos para conseguir representación en el Ayuntamiento. La candidatura de Unidas Podemos en las elecciones autonómicas de 2021, encabezada por Pablo Iglesias, consiguió en la ciudad de Madrid casi 133.000 votos. Una condición de posibilidad del propio espacio es que no exista ningún otro espacio compitiendo por el mismo. Dicho de otra manera, el espacio existe potencialmente si y sólo si Izquierda Unidad en Madrid y Podemos van juntos a través de alguna fÓrmula.

Con los datos en la mano podríamos decir que sí existe ese hueco bajo esas condiciones, pero estamos hechos de relatos, no de datos. No es el conocimiento objetivo de esa posibilidad lo que hará posible ese escenario o lo cancelará, sino el tipo de energía social que se pueda desplegar para conseguirlo. Y ahí volvemos a Reservoir Dogs.

Una característica de la película es que los personajes de la misma son ajenos a lo que suceda fuera de su mirada particular. Todos han participado de un robo que no vemos, pero tienen un relato estrecho, muy parcial y conflictivo de lo sucedido que, además, utilizan como fuente de legitimidad. La cosa termina mal tirando a muy mal. La pregunta no es, por tanto, si debe o no haber unidad, sino qué tipo de emociones deben primar en todo el proceso partiendo de que sí o sí la única posibilidad de gobernar municipios y autonomías es la cooperación, bien sea parlamentaria o de gobiernos conjuntos entre varias fuerzas (una suerte de "Botànic a la madrileña"). Para que alguien pueda creerse ese tipo de gobierno tiene que poder creerse que las distintas fuerzas que lo componen son capaces de pensar en una lógica multilateral en la que sus intereses se conjugan con los del resto. Si no, sea unidos, sea separados, lo que viviremos será varios meses en los que todas las fuerzas políticas compiten por un espacio electoral ya dado y que todas creen que les pertenece, como el botín del banco de Reservoir Dogs, pero que reproducirá un diálogo destinado al fracaso, con el señor blanco, el señor rosa, el señor naranja y "Eddie el Amable" apuntándose con sus pistolas entre sí porque 'ey, estamos cargados de razones'. Creo que si se da ese tipo de diálogo no será posible que las tres fuerzas tengan representación y el resultado será que el espacio conjunto se hará más pequeño, con el refuerzo equivalente para el proyecto neoliberal y reaccionario de Isabel Díaz Ayuso.

Escapar del escenario Reservoir Dogs es una condición de posibilidad para desplegar otro tipo de diálogo y emociones donde si se va unido o no pierde importancia porque se está preocupado por un objetivo mayor, construir una mayoría social suficiente para cambiar Madrid.