Otras miradas

Querido/a estudiante: que no te engañen, la Universidad del pasado no era mejor

Luis Ángel Hierro

Catedrático de Economía Pública de la Universidad de Sevilla

Varios alumnos en un aula de la Facultad de Derecho el día que da comienzo las pruebas de acceso a la universidad del año 2022, en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, a 6 de junio de 2022, en Madrid (España). Gustavo Valiente / Europa Press
Varios alumnos en un aula de la Facultad de Derecho el día que da comienzo las pruebas de acceso a la universidad del año 2022, en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, a 6 de junio de 2022, en Madrid (España). Gustavo Valiente / Europa Press

Durante estas Navidades ha estado circulando una entrada de LinkedIn de un colega, el catedrático de la Universidad de Granada Daniel Arias, con el llamativo título Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando. La entrada es un relato nostálgico del profesor Arias que desgrana múltiples motivos de queja con su trabajo docente, deambulando entre la calidad del alumnado, su propio quehacer y la regulación universitaria. Eso sí, centrando su queja en el alumnado, que según él es lo peor de nuestra actual Universidad.

Confieso que la primera vez que me lo enviaron, a comienzos de Navidad, no llegué a terminar su lectura. Me pareció tan absurdo que un profesor se quejase de tener 50 alumnos en su grupo y no 500 que entendí inmediatamente que era un arrebato para el desahogo personal y no le presté más atención.

La entrada en LinkedIn del profesor Arias me siguió llegando por WhatsApp, pero no volví a abrir el enlace. No obstante, ha sido al finalizar la Navidad, cuando una persona que ocupa un cargo importante en la Confederación de Empresarios de Andalucía me lo ha remitido en respuesta a un tuit en el que defiendo la Universidad pública, cuando he vuelto a prestar atención a la entrada del profesor Arias y me he decidido a terminar de leerla y valorarla. Y a ello voy.

Cuando comencé a estudiar, en 1980, ir a la Universidad era un privilegio y en mi Facultad, la de Económicas de Sevilla, había 2 grupos de primero, uno de mañana y otro de tarde (este segundo con muy pocos estudiantes, para quienes trabajaban). Hoy tenemos 20 grupos de primero y estudiar en la Universidad no es un privilegio, es algo normal que hace entorno al 50% de cada cohorte de población, simplemente porque puede y es su derecho. Obviamente, para cualquier capacidad humana que procedamos a valorar, si aumentamos la cantidad de población seleccionada sin extraerla al azar disminuyen las cualidades medias del grupo. Eso es de Perogrullo. Por esa razón, si hacemos el ejercicio de comparar las cualidades medias del 10% mejor de los estudiantes actuales con la media de los que estudiábamos allá por 1980, les aseguro que el alumnado universitario actual no es peor, sino que, por el contrario, es sustancialmente mejor. Tienen el conocimiento de idiomas que no teníamos, capacidades más orientadas a la investigación y al trabajo en grupo y mayores conocimientos generales. Y competitivos son mucho más, porque ya no se consideran élite sino personas normales que tienen que esforzarse para conseguir sus metas.

Por otro lado, es cierto que en este momento los/as estudiantes acuden con el ordenador a clase (cuando yo estudiaba desgraciadamente solo había un ordenador en toda la Facultad y no existía Internet) y ciertamente alguno/a que otro/a se distrae en algún momento, pero debemos tener en cuenta que para ellos/as la tablet o el ordenador son su herramienta de trabajo. Los/as estudiantes universitarios actuales han crecido pegados a una pantalla conectada a internet y es su modus vivendi. ¿De verdad se quiere que los/as estudiantes vuelvan al bolígrafo y papel? ¿De verdad se piensa que eso sería mejor para ellos/as? ¿En el mundo actual? Les cuento una anécdota. Este año he tenido una lucha encarnizada con mis estudiantes para conseguir que cuando vayan a realizar una presentación en clase lleven una copia del archivo en un pendrive, además de dejarla almacenada en la "nube", por si internet o la conexión no funciona. La disputa ha sido titánica, imagínense volver al papel. El profesor Arias y los que piensan como él deberían comprender que el estado de la tecnología de cada momento determina el comportamiento humano. Por cierto, me permito una pregunta directa a mi colega que estudió con bolígrafo y papel: ¿Utiliza él presentaciones para impartir sus clases? Yo no, yo tiza y pizarra, como mis compañeros que enseñan Matemáticas. Somos los últimos de Filipinas, pero a pesar de ello entiendo que los/as estudiantes lleven ordenador a clase y que la mayoría de los/ profesores/as, que son más jóvenes, utilicen las presentaciones.

Se queja también mi colega del tamaño de los grupos. Eso es simplemente un absurdo docente. Añorar tener 300 estudiantes en clase es como añorar viajar en calesa desde Granada a Madrid en lugar de en AVE. Mi queja es la contraria a la del profesor Arias, doy la misma asignatura en dos grupos, uno del grado de Economía y otro del doble grado de Derecho y Economía. En el primero tengo 70 estudiantes y, en el segundo, menos de la mitad y por eso no puedo usar en el primero la metodología docente de aprendizaje basado en proyectos que en el segundo me permite eliminar el sistema tradicional de lección magistral y examen escrito. En este segundo grupo, desde mi punto de vista ideal en tamaño, no más de 30 estudiantes, los/las estudiantes elaboran y presentan trabajos que convenientemente, antes de evaluar, someto a una herramienta informática antiplagio que los disuade de copiar contenidos. Esto último lo digo como consejo.

Dada la limitación de espacio, solo señalaré otro par de cuestiones en respuesta a mi colega. La primera, sobre algo que me duele personalmente, ya que llevo dedicados más de 42 años a la Universidad pública, y es que siempre hay quien desde dentro echa tierra en el propio tejado. Decir «si quieren calidad, que se vayan a la privada» implica una falsedad indigna de ser pronunciada por un profesor. Los que tanto critican la calidad de la Universidad pública española podrían repasar el índice más popular de esos que tanto gustan a los liberales, el índice de Shanghái, y verán que entre las mil "mejores" universidades del mundo, hay 40 españolas y de ellas sólo hay una privada, la de Navarra. Repito: Una. O sea, que cuando los/as estudiantes españoles/as busquen calidad mejor que no hagan caso a los que les "engañan" y que la busquen en las universidades públicas, que es donde está la calidad universitaria en España.

Y la segunda es una breve licencia que espero no me critiquen mis colegas de psicología y filología. Los/as españoles/as somos muy propensos a proyectar psicológicamente sobre terceros o sobre el país nuestras vacilaciones existenciales, por eso entiendo que haya compañeros/as que cuando se ven asaltados/as por las dudas sobre su propio papel en la docencia las trasladen a otros. Para esos momentos les recomiendo que no caigan en depresión acusatoria, que se miren a sí mismos y que como sanación se reencuentren con la realidad de que el tiempo pasa para todos y por eso cualquier tiempo pasado fue mejor, como ya nos cantó Jorge Manrique hace más de cinco siglos:

"Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando,

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor"