Otras miradas

Joseph Ratzinger y Hans Küng: pasado y futuro de la teología católica

Ramón Soriano

Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Joseph Ratzinger en una imagen de archivo. -REUTERS
Joseph Ratzinger en una imagen de archivo. -REUTERS

Joseph Ratzinger y Hans Küng fueron protagonistas de una viva polémica teológica, que se extendió desde finales del Concilio Vaticano II en 1965 hasta la muerte de ambos (en 1921 la de Küng, en 2022 la de Ratzinger). Ratzinger y Küng, prolíficos autores de una extensa obra teológica, han representado, respectivamente, las vertientes más conservadora y progresista de la teología católica.

Ratzinger ocupó cargos muy relevantes en la Iglesia católica: Arzobispo de Múnich, Cardenal prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Papa Benedicto XVI. Küng solo fue un académico y escritor sin ocupar ningún puesto en la jerarquía de la Iglesia. Pablo VI le llamó a la Curia romana, donde podría haber subido peldaños en la jerarquía eclesiástica, pero Küng renunció a ello. Poco después tendió Juan Pablo II  la mano a Ratzinger, llamándole a la Curia de Roma y él aceptó. Tras la finalización del Concilio Vaticano II ambos jóvenes sacerdotes y brillantes teólogos conciliares comenzaron a transitar por distintos caminos. Mientras Ratzinger aceptaba en 1977 el arzobispado y cardenalato de Múnich concedido por Pablo VI, Küng era públicamente desautorizado como teólogo dos años después por Juan Pablo II, que había sido elegido Papa en 1978. Vidas paralelas de constantes desencuentros.

Donde mejor se ve lo que ha significado el teólogo Ratzinger, Papa Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre de 2022, es desvelando su contraste con Hans Küng.

Aportación a la doctrina de la Iglesia católica

Ratzinger sentó cátedra y doctrina en la Iglesia mediante los cargos importantes que ocupó en ella de la mano de su protector Juan Pablo II y después como Papa. Algunas de las encíclicas y otros documentos de Juan Pablo II fueron en parte redactados por el cardenal Ratzinger. Por lo tanto, durante muchos años representó la doctrina oficial de la Iglesia. Fue desde 1982 guardián y definidor del catolicismo oficial en su papel de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (denominado antes Santo Oficio de la Inquisición). Él definía lo que era o no verdad teológica.

Küng no solo no ejerció una función doctrinal oficial, sino que fue públicamente desautorizado como profesor de enseñanzas católicas. Ya había sido amonestado por la Santa Sede en 1975 y finalmente se le prohibió enseñar teología católica en 1979. Su desautorización fue desencadenada por su libro ¿Infalible? Una consulta (1970, ampliado en 1989), en el que da cuenta de los errores del Papa cuando proclama un dogma ex catedra, aconsejando la sustitución de la expresión infalibilidad papal por la de indefectibilidad de la Iglesia, que significa "persistencia en la verdad". De esta manera se hacía compatible la verdad de la Iglesia con algunos errores del Papado. No hay que olvidar los precedentes de otras obras de Küng, como Ser cristiano (1974), que fueron preparando el terreno para su definitiva expulsión de la cátedra de teología católica en la Universidad de Tubinga (aunque, dado su prestigio internacional, la Universidad le concedió una cátedra de teología ecuménica).

Todavía no han sido recepcionadas por la Iglesia católica las tesis innovadoras de Küng: control de la natalidad, ordenación de la mujer como sacerdotisa, supresión del celibato, de la censura previa en las publicaciones, de la Congregación de la Doctrina de la Fe, descentralización de la estructura y las decisiones de la Iglesia, remodelación de la Curia romana, transparencia de las finanzas de la Iglesia. Es verdad que son muy aperturistas, pero también son aceptadas por muchos fieles católicos. Las ideas de Küng no son doctrina de la Iglesia, pero sí un enorme revulsivo, con la ventaja de que giran en el sentido de los tiempos, y que quizás en el futuro puedan ser asumidas como doctrina oficial de la Iglesia.

Los católicos, los infieles y la salvación personal

Escojo este tema porque es el que mejor proporciona el contraste del tradicionalismo teológico de Ratzinger y el aperturismo teológico de Küng. Ratzinger siempre defendió la religión católica como la única religión verdadera y a través de la cual se conseguía la salvación personal. En la extensa Declaración de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Dominus Iesus (2000), firmada por él como prefecto, defendió con enorme contundencia la salvación del creyente católico, ganándose un descrédito doble: de los teólogos católicos progresistas y de los líderes religiosos de otras religiones. La Declaración se abre con las palabras del apóstol: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado". La propagación de la fe, la missio ad gentes, es una obligación de la Iglesia y del cristiano. El camino de la salvación es la "salvación en Jesucristo". En el tema de la salvación personal las otras religiones son subalternas en relación con la única religión verdadera, la católica, la que tiene en exclusividad la obra salvadora. No es necesario precisar la enorme decepción que provocó Dominus Iesus en los líderes de otras religiones.

La posición de Küng está en las antípodas de la de Ratzinger. En su libro Ser cristiano (1974), uno de los que manejó la Santa Sede para amonestarle, afirma: "Dios quiere la salvación de todos los hombres, sin acepción de personas, y también los no cristianos cumplidores de la ley pueden ser justificados". Este párrafo se enmarca en un apartado cuyo significativo título es: "Salvación fuera de la Iglesia".

Posición sobre el diálogo de las religiones

Cuando hablaba Ratzinger de otras religiones lo hacía desde la superioridad de su religión y teniendo las otras religiones una función dependiente respecto a la única religión verdadera, la católica. Es el papel de las otras religiones, que atraviesa las páginas del citado Dominus Iesus, donde el adjetivo mayor concedido a las otras religiones es su carácter "complementario". En varias ocasiones suscitó la crítica contra él de otros líderes religiosos. En su obra Luz en el mundo (2010) distinguió entre Iglesia ortodoxa y comunidad eclesial evangélica, entre "la Iglesia de la gran tradición de la Antigüedad", donde incluye a los ortodoxos, y "un nuevo modo de comprender a la Iglesia", como es la comunidad evangélica. A los evangélicos no les gustó esta infravaloración. Pero el discurso de Ratzinger, que levantó más ampollas, fue su discurso Fe, razón y universidad, pronunciado en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006, poco después de haber sido elegido Papa. Tema central del discurso fue la relación de violencia y religión. Aludió extensamente a la conversación del emperador bizantino Manuel II con un intelectual persa. El emperador le dice: "muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición a difundir por medio de la espada la fe que predicaba" Y concluye Benedicto XVI: "la conversión mediante la violencia es contraria a la naturaleza de Dios". Hubo una protesta generalizada en las embajadas de los países musulmanes, pensando que el Papa había hablado por las palabras del emperador.

El contraste con Küng no podía ser mayor, pues éste era partidario de un creciente diálogo con los hermanos de otros credos religiosos e incluso llegó a elaborar una ética universal, en la que describía los fundamentos últimos de todas las religiones. El proyecto de una ética global es un tema que Küng desarrolla en sus últimos años, creando la Fundación para una Ética Mundial en 1995, y redactando obras con este título, aplicando el nuevo concepto de ética a los diversos campos de las ciencias sociales. Pero su preocupación acerca de esta ética ya estaba en obras anteriores, como La Iglesia católica (2001), en la que afirma que las religiones y los no creyentes deben girar desde las religiones particulares hacia una ética global, porque "el planeta no puede sobrevivir sin una ética global, una ética a nivel mundial", expresión que está relacionada con otra idea que el teólogo reitera en sus escritos: "no hay paz entre las naciones si no hay paz entre las religiones"

La concepción de la Iglesia como institución

En el terreno eclesiástico, fuera del ámbito más teórico de la teología, Küng se enfrentaba a la Iglesia como institución e incluso advertía de su distanciamiento del mensaje originario de la comunidad cristiana, de la humilde Iglesia carismática, en tanto Ratzinger era un institucionalista convencido de la Iglesia-Institución como soporte de la estabilidad de la tradición de la fe católica frente a los riesgos de las corrientes heterodoxas del catolicismo y del relativismo moral. La posición de Küng era oponer a la institución eclesial, basada en el autoritarismo y el centralismo, el carisma de los Evangelios y de las primeras comunidades cristianas y enfrentar a los dogmas de la tradición católica la apertura de la Iglesia a los nuevos tiempos y necesidades, a los que tenía que adaptarse el mensaje cristiano.

Ratzinger buscaba la integridad de la Iglesia y librarla de los peligros existentes contra ella. Se oponía a los métodos anticonceptivos, a la supresión del celibato, a la ordenación de las mujeres, a la pertenencia a la Iglesia del católico divorciado que contraía segundas nupcias, a la homosexualidad. Sus argumentos residían en los documentos de la tradición católica y de los últimos Papas. Aplicaba una interpretación pegada al texto, v. gr., "la homosexualidad está en contra de la esencia de lo que Dios ha querido originariamente", "Jesucristo creó una Iglesia de varones, los Doce", etc. Su interpretación estrictamente literal es discutible, pues a veces la misma literalidad permite distintas interpretaciones, y en todo caso la interpretación literal se opone a la interpretación extensiva acomodando los textos a las exigencias de los nuevos tiempos. Los juristas disponemos de criterios literarios, lógicos, históricos, sistemáticos y sociológicos para interpretar las normas jurídicas. Con ellos damos vida a las normas, evitando que caigan en desuso, ya que el cambio social suele ir por delante del derecho ¿Por qué razón los teólogos tienen que aplicar un criterio hermenéutico literal? ¿Dónde ha dicho el Dios católico que sus palabras tienen que ser interpretadas al pie de la letra? Frecuentemente Ratzinger repite: "non possumus", "no podemos", nos guste o no, cerrando el debate tras interpretar literalmente los textos sagrados o de la Iglesia.

Küng no tuvo reparos en criticar duramente a los líderes religiosos católicos, en su obra La Iglesia católica (2001): a Pablo VI por su encíclica Humanae Vitae, contraria a las nuevas técnicas anticonceptivas, que consideraba una fractura entre Iglesia y comunidad católica, a Juan Pablo II, por su conservadurismo dogmático y autoritarismo eclesial, a los "obispos serviles", que seguían "la obediencia a Roma" contra los deseos de sus feligreses. Todos ellos portadores de doctrina y mensajes contrarios a las aspiraciones de la comunidad católica. Y tras la crítica las propuestas de un radical cambio en la institución eclesiástica citadas en el punto 1º, insistiendo en algunas, que iban directamente contra el gobierno de la Iglesia: descentralización de las estructuras y de las decisiones frente al absolutismo papal, elección de los obispos por la comunidad católica de la diócesis, acceso de la mujer al sacerdocio. Sus propuestas iban dirigidas a "un Papa que no es el Señor de la Iglesia" Y concluía: "¡Qué retraso en el tiempo había entre la evolución de la Iglesia y la de la sociedad!, lo que producía "un alejamiento creciente entre "la Iglesia de abajo" con respecto a la "Iglesia de arriba".

Un decenio después en su obra ¿Tiene salvación la Iglesia? (2011) Küng amplía el cuadro de sus propuestas de reformas, que seguían sin respuestas de la Santa Sede. Utilizando una terminología médica -virus, diagnóstico, remedios, terapia...- señala los virus de la Iglesia –la aversión a la ciencia, la aversión al progreso, la aversión a la democracia, el entusiasmo católico-romano por la restauración-, aportando numerosas pruebas de la existencia y daños producidos por estos virus y la terapia para hacerlos desaparecer. Desvela quiénes son los causantes de los males: el Papa, "monarca eclesiástico", que no respeta las resoluciones del Concilio Vaticano II, los obispos, que no responden a las aspiraciones de su grey y los teólogos anclados en un tradicionalismo contrario a los nuevos tiempos y necesidades.

Ratzinger ha sido un teólogo del pasado. Küng un teólogo del futuro, que ha sobrepasado ampliamente el tiempo actual de la Iglesia católica. Entre ellos dos, el Papa Francisco, teólogo más cercano al segundo que al primero, lucha entre el deseo y la realidad en la ejecución de una difícil obra evangélica y de reforma institucional de la Iglesia, asediada por una legión de obispos y teólogos, que proclaman y reclaman el legado de Benedicto XVI.