Otras miradas

Gañardo tiene un Moñeco

Oti Corona

@LaCrono__

El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. -Isabel Infantes / Europa Press
El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. -Isabel Infantes / Europa Press

Me tendrán que disculpar si este escrito no responde a los hechos de forma estrictamente cronológica. Les confieso que estoy hecha un lío porque tanto ir y volver del siglo XII me tiene desorientada. El vodevil empezó cuando García-Gallardo, uno de los gañanes de Vox (en adelante, y por abreviar, Gañardo), se presentó en coche oficial a una concentración motera y, nada más bajar del vehículo, se puso un casco de moto bajo el brazo, se sacó cuatro fotos de postureo y regresó al coche oficial.

Se puede esperar una cualquier cosa de semejante hipócrita, por lo que no me sorprendí cuando, más o menos el mismo día, anunció que obligarían a los médicos de Castilla y León a ofrecer a las embarazadas que deseen abortar unas maravillosas coacciones en forma de ecografía 4D y latido cardíaco del embrión. Como las mujeres de este país hemos desarrollado un sexto sentido para intuir cuándo quieren pisotear nuestros derechos, el fin de semana estuvo calentito. Ya saben, ni un paso atrás, a otras perras con ese hueso y esas consignas que llevamos décadas repitiendo.

El gobierno central mandó a Castilla y León un requerimiento en el que exigía que tales medidas no se pusiesen en marcha. Entonces Mañueco, ese pelele de Vox que preside la Comunidad, (en adelante, y para entendernos, Moñeco), salió del anonimato, muy indignado. Cómo se nos ocurre creernos ese disparate solo porque lo haya dicho el vicepresidente y solo porque el portavoz de la Junta estuviese sentadito su lado y diciendo sí a todo. Hay que ver cómo somos.

Casi al mismo tiempo, Gañardo aparecía en los medios para defender la medida, erre que erre con el latido y la eco 4D, aunque el latido en las primeras semanas pueda tener efectos indeseables en el embrión y la eco 4D no se recomienda en ninguna guía médica. Al menos tuvo la decencia de admitir, entre risas –todo cuanto atañe a las mujeres da mucha risa, jojojo– que no sabe nada de embarazos. No hace falta que lo jures, Gañardo.

Entremedias Ayuso, que tiene que ser el niño en el bautizo, el muerto en el entierro y el feto en el aborto, anunció la creación de un teléfono para embarazadas que causó cierta expectación aunque luego se supo que ese teléfono existe desde el año 2019. Supongo que la diferencia es que entonces se creó como herramienta informativa y ahora es un instrumento de combate contra la conspiración judeomasónica de ese radical izquierdista llamado Pedro Sánchez.

Moñeco aprovechó para soltar unas arengas a favor de los derechos de las mujeres. El PP, es sabido, tiene una larguísima historia en la defensa de nuestras libertades; por eso la lucha por el derecho al aborto en España significa tradicionalmente batallar contra el PP, un partido que siempre se ha opuesto al "nosotras parimos, nosotras decidimos" y que ha presentado tropecientas mil enmiendas a la nueva ley de, adivinen, el aborto.

¿Y Feijóo?¿Dónde está Feijóo?, se estarán ustedes preguntando. Pues Feijóo anda dando saltitos en la orilla de la polémica, intentando que no le salpique. Para dar la cara ya ha salido Sémper, que ha hablado sobre la necesidad de gobiernos sensatos y de política serena; al parecer ignora que su partido pactó con la ultraderecha en Castilla y León. A ver si alguien le pone al día.

Si Vox y el PP fuesen partidos de izquierdas se esforzarían por fingir que son tan amigos y que su coalición está bajo control. Pero son de derechas. Estos se crecen. Vox insiste en que la normativa que proclaman está aprobada y por escrito –siempre que lo dicen enseñan un papel que de lejos parece un folio en blanco y de cerca no lo sabemos porque de cerca no lo enseñan– y su Moñeco ha enviado una carta al presidente del Gobierno en la que asegura que no habrá cambios en el protocolo.

Después de casi una semana de idas y venidas, con un vicepresidente que, en tono chulesco, anuncia unas medidas que contradicen a su jefe directo, cualquier presidente habría destituido al sujeto. Pero hablamos de Moñeco, que está en las manos de Vox, así que previsiblemente el sainete va para largo.

Hacía años que no veíamos a tantos hombres hablar de nuestros úteros, nuestras maternidades y nuestros derechos, imágenes que nos traen ecos de una época a la que no deberíamos volver. Para compensar, hemos vivido momentos gloriosos en los que lo peorcito de la caverna patria se ha dado golpes en el pecho en una extraña pelea por demostrar quién está más a favor del aborto. Mientras Gañardo y su Moñeco se aclaran entre ellos, conviene que tomemos nota de lo que puede pasarnos a las mujeres cuando un partido político permite que la ultraderecha toque poder. Yo, por mi parte, me alegro muchísimo de que esto me haya pillado menopáusica.