Otras miradas

Macron pierde su primera batalla para la reforma de la jubilación

Arthur Brault Moreau

Militante queer y sindical, autor de 'Le Syndrome du Patron de gauche'

19 de enero de 2023, Francia, París: Los miembros del sindicalista Lou Chenier (L) participan en una protesta con compañeros de campaña contra los planes de pensiones del gobierno francés.- DPA

Los principales ingredientes de una movilización social fuerte en Francia ya están reunidos. La tarde del 10 de enero, la primera ministra, Elisabeth Borne, presentó su proyecto de reforma de la jubilación. Esa misma noche, las ocho principales organizaciones sindicales publicaron un comunicado común llamando a la huelga y manifestación del jueves 19 de enero. Es la primera vez desde 2008 que estas organizaciones sindicales logran unirse bajo un mismo lema, en este caso el "no" a la reforma del Gobierno de Macron. A nivel interprofesional, sectores claves de la economía están en primera línea de la movilización para la huelga son las refinerías de petróleo y el sector de la energía (EDF) y también los trenes (SNCF), el transporte parisino (RATP) y el sector público (sanidad y educación).

El proyecto de reforma de la jubilación alcanzó otro récord, consolidando la unión de los partidos de izquierda. La NUPES, unión de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, los ecologistas (EELV), los socialistas (PS) y los comunistas (PCF) creada en mayo del 2022 para las elecciones legislativas se debilitó por tensiones entre la Francia Insumisa y las demás organizaciones. El proyecto de unidad volvió al primer plano con el meeting del martes 17 de enero donde las diferentes organizaciones de izquierda, incluyendo a los anticapitalistas (NPA), lanzaron una campaña contra la reforma de la jubilación y preparan ya mítines en varias ciudades del país.

Unión sindical, unión de la izquierda, dos millones de personas en las calles y un 80% de la población[1] en contra de la reforma. El fundador de la Francia Insumisa resume : "El gobierno perdió su primera batalla : la de convencer a la gente de la necesidad de esa reforma".

Otra movilización en contra de una reforma de la jubilación. ¿Y la historia se repite ?

Es una historia que la gente de más de 30 años conoce muy bien: desde los 1990, cada gobierno intenta imponer su propia reforma de la jubilación. Los gobiernos sucesivos han intentado, poco a poco, poner en tela de juicio al modelo de protección social de la jubilación tal como fue pensado a partir de las medidas del Consejo Nacional de la Resistencia al salir de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un modelo en el cual las cotizaciones de los trabajadores financia directamente las pensiones de las personas jubiladas, un modelo sin capitalización y basado en una solidaridad intergeneracional e interprofesional inmediata. El giro empezó con un aumento del periodo de cotización con Balladur en el 1993, luego con la armonización del sector público en el modelo del sector privado con la reforma Fillon en el 2003, la reforma del 2010 aumentó la edad legal para jubilarse de 60 años a 62 años y, por fin, la reforma Touraine del 2014, bajo el gobierno del socialista François Hollande y de su ministro Emmanuel Macron, aumentó el número de años que cotizar para tener una pensión completa. En el nuevo proyecto de reforma, las medidas prevén un cambio de la edad mínima legal para jubilarse de 62 años a 64 años, el periodo de cotización para tener una pensión completa aumenta de 42 años a 43 años. También se plantea reformar los regímenes llamados "específicos" de jubilación, los que tocan a trabajadores de ciertos sectores con condiciones de trabajo particularmente difíciles. La primera y principal razón de esa movilización remite al rechazo de un proyecto que aleja más aún a los trabajadores de la jubilación y sobre todo a los que tienen menos cualificaciones y que empezaron a trabajar muy temprano.

Pero esos 30 años seguidos de reformas y movilizaciones sociales indican una batalla más profunda. Por parte de los gobiernos, la seguridad social es un reto ya que fue pensada bajo el control de los sindicatos. Los gobiernos quisieron apropiarse de esta herramienta de solidaridad social y, desde los 80, el gobierno tiene el poder de reformarla. Ese modelo de protección social también les parece absurdo ya que se tratan de miles de millones de euros, 247 miles de millones en 2022, que no se capitalizan. Por parte de las organizaciones sociales, el objetivo es precisamente mantener ese modelo social. En las manifestaciones, se escucha todavía ese viejo lema "la jubilación a los 60 años, luchamos para ganarla, lucharemos para guardarla" ... a pesar de que la jubilación está establecida a los 62 años desde el 2010. Para estos sectores, la referencia es la ley del 1982 cuando Mitterand, para cumplir con las promesas que le llevaron al poder, bajó la edad legal de jubilación a 60 años. Reformar para liberalizar o mantener un modelo de solidaridad entre la clase trabajadora, ese es el reto.

Otra clave de esta movilización remite a lo que plantea el tema de la jubilación. Se trata, obviamente, de la concepción de la vejez y del derecho a vivir varios años en buena salud y sin presión laboral. Se trata, como dice el diputado de izquierda François Ruffin, de liberarse del trabajo. Se trata, también, de criticar al modelo productivista que daña a les trabajadores y al medio ambiente. Estos retos explican una movilización social tan amplia en la sociedad francesa.

¿Cómo ganar cuando ya no se puede perder ?

Para ganar hace falta un movimiento fuerte y duradero. Hacen falta manifestaciones fuertes, eso sí, pero también huelgas importantes. Aquello significa cierta capacidad económica de aguantar días sin sueldo en una economía ya muy débil. También hace falta una buena estrategia sindical. La próxima manifestación será el 31 de enero. Demasiados días de movilización agotan pero demasiado espacio entre las convocatorias cansa... El Gobierno quiere implementar esa reforma para septiembre de 2023 y quiere pasarla por una votación rápida o incluso con la medida "49.3" que permite pasar un texto sin la aprobación parlamentaria. No sabemos si esta reforma pasará o no, no sabemos tampoco si el movimiento social va a estar bastante duradero y unido. Esto nunca se sabe de antemano.

Lo que sí se sabe,es que un fracaso del movimiento significaría una victoria más para los gobiernos en estos 30 años de intentos de reducción del derecho a la jubilación. Significaría también la obstinación por parte de Macron en imponer sus proyectos a pesar del rechazo de la mayoría de la población. Con todo lo que conlleva, tanto cosas interesantes como la explosión social de los Gilets Jaunes, como resultados preocupantes como el aumento brutal de la extrema derecha. Lo que también se sabe a día de hoy, es que todos los ingredientes para una movilización fuerte están reunidos, igual que en el 1995, cuando el Gobierno tuvo que cancelar su proyecto frente a la paralización de la economía. Una victoria social es posible.

[1] Según la encuesta de Challenges, el 80% de la población en Francia está en contra de cambiar la edad legal de jubilación a los 64 años.