Otras miradas

Cuidar como descubrimiento

Marta Nebot

Foto: Freepick

Cumplo años, unos cuantos, y como en todos los aniversarios me hago preguntas que no siempre respondo.

Esta vez me viene una certeza sabrosa, una epifanía de esas que eclipsan todo, que lo cubren como un tsunami a cámara lenta, como la luz del amanecer, como un manto de esperanzas. Y es que la vida me ha puesto a cuidar y he descubierto que cuidar es un regalo.

Me veo de adolescente mirando a mi madre incrédula, no dando crédito a que encontrara sentido a su existencia entre rutinas tan rutinarias, entre cuidados tan desagradecidos. Miro a esa adolescente desde la cincuentona que ya casi soy y ahora es a ella a la que compadezco y a mi madre, a pesar de todas nuestras diferencias, a la que admiro.

Con los años he desenmascarado el placer de terminar de limpiar y recoger la cocina, del trabajo doméstico bien hecho solo por la satisfacción de haberlo hecho y de dejar las cosas de la mejor manera posible a tu manera, de poner sentido a tu espacio y a tu tiempo, de honrar a lo que te rodea y, por lo tanto, a la vida en su manifestación más sencilla.

Y más allá de la casa, estoy paladeando el cuidar como acto de amor, de su celebración, de ordenamiento de prioridades, de comunión y de huida de la jaula que puede ser uno mismo y la idea de que somos perennes e invulnerables, de constatación de lo que de verdad se quiere hacer con la vida.

No se me ocurre nada mejor que hacer con mi tiempo. No lo cambiaría por nada. Es lo que quiero hacer y me ha costado descubrirlo.

Cuidar siempre se ha considerado labor femenina y de segunda. Los hombres nos obligaban a hacerlo creyendo que se libraban de una carga. Hoy creo que con eso, en realidad, estaban renunciando a lo más bonito sin saberlo: a estar con los que quieres en serio, a compartir lo que toque haciéndote consciente de que nadie sabe lo que hay en su bombo de lotería, a vivir juntos, lo que sea juntos y, por lo tanto, de la mejor forma posible.

Ahora sé que el problema no era cuidar sino el desprecio, el ninguneo y el silencio. Cuidar era el antídoto para que todo lo demás no pudiera destruirlas.