Otras miradas

La hora de Lai Ching-te en Taiwán

Xulio Ríos

Asesor emérito del Observatorio de la Política China

El vicepresidente de la República de China, William Lai Ching-te. -Flickr
El vicepresidente de la República de China, William Lai Ching-te. -Flickr

El vicepresidente taiwanés Lai Ching-te fue elegido "a la búlgara" el pasado día 15 de enero para desempeñar la presidencia del PDP tras la dimisión de Tsai Ing-wen a raíz de los malos resultados de las elecciones locales del 26N. Único candidato postulado, Lai obtuvo el 99,65% de los votos aunque con una participación baja, que no alcanzó el 18%. Este nuevo escalón en su carrera política no sorprende. Es el llamado natural al cargo, como también lo es para ser el candidato en las próximas elecciones presidenciales de 2024.

Una encuesta de la Fundación de la Opinión Pública de Taiwán dada a conocer el martes 17 de enero apunta a una reñida contienda en esos decisivos comicios entre Lai, el alcalde de Nuevo Taipéi, Hou You-yi (KMT) y el exalcalde de Taipéi, Ko Wen-je (PPT), quienes tienen muchas papeletas para erigirse en sus respectivos partidos como los candidatos preferentes. La demoscopia marca algunas tendencias: apoyo al alza a Lai, decreciente en el caso de Hou y con Ko a la zaga. Pero queda mucha tela por cortar.

A nadie se le escapa que el valor de esta exploración de intenciones, a un año vista de los comicios, es cualquier cosa menos determinante. Valga de ejemplo la propia evolución de Tsai Ing-wen. Su popularidad era de alrededor del 70% en 2016, cayendo en picado durante su primer mandato a menos del 24% en diciembre de 2018; entonces le pedían que se hiciera a un lado y que Lai fuera el candidato presidencial del partido en 2020. Sin embargo, su popularidad remontó y se disparó al 68% en el momento de las elecciones de ese año en virtud, sobre todo, del impacto de la crisis política de Hong Kong.

En su toma de posesión, Lai recordó la esencia de lo que será su estrategia política: defensa de un sistema constitucional libre y democrático; no pertenencia de la República de China a la República Popular China; no delegación ni rendición de la soberanía; y respeto a la voluntad de los ciudadanos taiwaneses de seguir siendo República de China (Taiwán).

Lai se ha definido a sí mismo como "un "trabajador pragmático por la independencia de Taiwán", reiterando que "Taiwán ya es una nación independiente y soberana y, por lo tanto, no tenemos necesidad de declarar más la independencia de Taiwán". El continuismo de Lai respecto a la estrategia de Tsai probablemente no se aparta, en lo esencial, del compromiso con el statu quo pero se han expresado preocupaciones sobre lo que podrían significar sus puntos de vista a favor de la independencia, manifestados con frecuencia, para las relaciones entre ambos lados del Estrecho si llegara a ser presidente.

Sus afirmaciones han tenido un singular eco en el debate público en las redes sociales en Taiwán. Y a ellas se ha referido de forma contundente el expresidente Ma Ying-jeou (KMT) señalando que su declaración no se sostiene pues no existe ningún país llamado Taiwán. "Este país se llama República de China", añadió el expresidente.

Llegado el caso, ese expediente personal hará más improbable cualquier superación del no-diálogo con China continental, donde Lai es visto con malos ojos desde hace tiempo, considerándosele un independentista impenitente. Con su principal base de apoyo en el sur, el corazón del soberanismo en la isla, la preocupación por su postura pro-independencia es objeto de especulación también en muchos gobiernos extranjeros con intereses en el affaire de Taiwán, incluso en EEUU. Aunque todo puede formar parte de la misma puesta en escena... El propio Ma Yin-jeou ha evitado aclarar las afirmaciones contenidas en las memorias recientemente publicadas del exlíder del Kuomintang, Lien Chan, quien afirma que Ma podría haber recibido presiones de EEUU –siempre preocupado por la estabilidad y la seguridad en el Estrecho- para no seguir adelante con su propuesta de firma de un tratado de paz con Beijing. El expresidente ha recordado que durante su mandato (2008-2016) firmó 23 acuerdos con China continental, los cuales eran necesarios para hacer madurar una situación que permitiera la firma de un tratado de paz.

Muchos esperan que en los próximos meses acabe imperando en Lai el pragmatismo donde antes parecía reinar el más abierto irredentismo....

El opositor KMT tiene clara la vulnerabilidad del candidato. Cierto que puede propiciar una mayor cohesión de los grupos independentistas en la isla, a veces decepcionados con cierta tibieza de Tsai, pero sería a coste de fragmentar aun más la sociedad taiwanesa. Y si el debate se centra en qué candidato más puede contribuir a la estabilidad y la paz en las relaciones con el continente, sin duda, la opción de Lai representará para muchos una especie de declaración informal de apuesta por el agravamiento del conflicto, alimentando la creciente espiral de presión militarista del EPL.

En el año que resta por delante, es previsible que el vicepresidente Lai no privilegie esta disyuntiva, que se centre en la corrupción política (que ha adquirido una notoria gravedad en su propio partido) y en la recuperación de la simpatía por parte de la juventud taiwanesa, confiando en que eso mejore el ascendente electoral, muy afectado por la severa derrota registrada el 26N. La afiliación al PDP, que en su mejor momento superó los 500.000, se ha reducido a unos 230.000 militantes.

Las elecciones de 2024 serán claves para determinar el futuro inmediato de la estabilidad en el Estrecho de Taiwán. Una hipotética candidatura de Lai contribuiría eficazmente al discurso que parece interesar al KMT. Falta que este no se desgarre en luchas intestinas en los meses por venir.