Otras miradas

La próxima mujer asesinada

Amparo Díaz Ramos

Abogada especialista en violencia de género

Cientos de personas durante una concentración por los 40 asesinatos machistas en 2023 en la Puerta del Sol, a 2 de junio de 2023. -RICARDO RUBIO / Europa Press
Cientos de personas durante una concentración por los 40 asesinatos machistas en 2023 en la Puerta del Sol, a 2 de junio de 2023. -RICARDO RUBIO / Europa Press

No podemos saber quién será la próxima mujer asesinada, pero sí podemos saber que muy probablemente el asesino será su pareja o expareja, o un hombre que la ha cosificado sexualmente. No tenemos las estadísticas de acosadores, violadores, puteros, proxenetas, tratantes que acaban con la vida de mujeres y niñas, pero sí sabemos que llega a ser un problema tan grave como para que la ONU y la Comunidad Europea lo consideren una lacra. Mujeres desaparecidas, mujeres dañadas, mujeres asesinadas, que suman mucho más que las estadísticas sobre asesinatos de mujeres en el ámbito de la pareja.

No podemos saber qué estará haciendo ahora mismo la próxima mujer que va a ser asesinada por un hombre machista, pero sí podemos saber que probablemente no estará poniendo una denuncia porque según los datos que tenemos, en el ámbito de la violencia de género en el que más se denuncia (el de la pareja), la mayoría de las víctimas mortales no han denunciado.

No podemos saber exactamente los motivos por los que no denuncia cada una de ellas, pero en general sabemos ya que el miedo a las represalias del agresor, el miedo a cómo afectará la denuncia a sus hijos e hijas, el miedo a no ser creída y las represalias sociales o laborales, la propia desconfianza en el sistema judicial, el miedo a tener que contar una y otra vez lo que ha padecido o está padeciendo pesa mucho a la hora de decidirse.

No podemos saber si la próxima mujer que será asesinada está recibiendo ayuda de su entorno, pero lo que sí podemos saber es que tenemos la obligación como ciudadanía de denunciar, de socorrer, de colaborar como testigos con la administración de justicia, y casi nunca lo hacemos. Dejamos sobre ellas el peso de denunciar, de buscar protección, de conseguir pruebas.


Tampoco podemos saber ahora si la próxima mujer que será asesinada por un hombre machista ha acudido a los recursos que están para atenderla o a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, o a los turnos de oficio de los colegios de la abogacía, ni cómo ha sido tratada, ni si la actuación fue eficiente o no. Pero sí sabemos que una cosa es lo que dice la ley, y otra la práctica. Servicios públicos infradotados, profesionales, técnicas y técnicos con compromiso, pero con saturación, otras personas asqueadas por las dificultades y la escasa retribución, otras sin compromiso e incluso a veces negacionistas de la violencia de género trabajando en servicios públicos o actuando en turnos de oficio de atención a víctimas. Derechos instrumentales (como derecho a obtener la víctima de violencia de género un informe de las violencias detectadas), que no se cumplen. Artículos fundamentales que no se cumplen pero que engalanan a las leyes.  Como el 544 ter de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que establece que la solicitud de la Orden de Protección puede hacerse también en las oficinas de atención a la víctima o en los centros de atención a la mujer, o como el artículo 19 de la Ley Orgánica 1/2004, que establece que los centros especializados en atender a las víctimas de violencia de género en la pareja pueden pedir las medidas urgentes que consideren necesarias a los Juzgados.  Y sí, podemos saber ya que cuando esa mujer sea finalmente asesinada, esos servicios o profesionales con angustia buscarán en su memoria y en sus archivos para ver si fue o no usuaria, y respirarán con alivio si no lo fue.

No podemos saber si la próxima mujer que va a ser asesinada por un hombre machista se siente ahora mismo en peligro, pero sí podemos saber que en los casos de asesinato por violencia de género en la pareja en los que la mujer denunció, que son minoría, no fue valorado correctamente su peligro ni protegida suficientemente.

También podemos saber, y es importante no olvidar, que en otros casos de violencia de género, la valoración del peligro fue correcta, y la protección fue eficaz. Podemos saber que hay mujeres que estuvieron a punto de convertirse en la próxima mujer asesinada, y que, sin embargo, se adoptaron medidas judiciales, policiales o sociales, que ayudaron a salvarla. Podemos saber que hay formas de actuar que dan mejor resultado que otras, que nuestra actuación, nuestro trabajo, importa, puede marcar la diferencia y, por tanto, conlleva una gran responsabilidad.

Podemos saber que la próxima mujer que será asesinada necesita ya que estemos alerta y actuemos eficazmente para evitarlo.  No la dejemos esperando sin respuesta.

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