Otras miradas

Democratizar el fútbol: más allá del beso a Jenni Hermoso

María Corrales

Democratizar el fútbol: más allá del beso a Jenni Hermoso
La selección española celebra el triunfo en el Mundial. Aapimage / Dpa / EP

Lola Gallardo: "Muy pronto se ha dado la razón a gente que tuvo que renunciar a sus sueños por defender unos valores. Y unas condiciones dignas y básicas". Patri Guijarro: "Lamentable llegar a este punto para creer que las quejas de hace meses eran reales". María León: "No ha hecho falta pasar mucho tiempo para ver que lo que se exigía hace unos meses no era una simple pataleta. Las imágenes hablan por sí solas, y creo que no hay mucho más que añadir". 

Estos son algunos de los tuits que este viernes realizaron tres de las jugadoras implicadas en la protesta de "Las 15". Mujeres que habiendo hecho grandes sacrificios a lo largo de su vida para llegar a cumplir su sueño de ser las mejores del mundo, renunciaron a su oportunidad ante la negativa de la RFEF y de su seleccionador, Jorge Vilda, a escuchar ninguna de las reclamaciones que las jugadoras empezaron a hacer públicas a partir de la Eurocopa de 2022. 

Todo por nuestras chicas, pero sin nuestras chicas. Este ha sido el eslogan del despotismo ilustrado que ha marcado la actuación de Rubiales y Vilda en su trato con la selección femenina. Una actitud en defensa de sus privilegios y poder que ha llegado a poner en riesgo la victoria del Mundial cuyas jugadoras han conquistado pese a la falta de confianza y conflictos con su entrenador. Un hecho que, sin duda, supone un mérito añadido a una victoria ya histórica de por sí. 

El machismo de la Federación viene de lejos y tiene que ver, no solamente con la actitud particular de Luis Rubiales, sino con toda una estructura dirigida por hombres y para los hombres. La evidencia más clara han sido, sin duda, las muestras continuas de inquebrantable solidaridad masculina entre el presidente de la Federación y el entrenador de la selección atribuyéndose mutuamente los méritos de un Mundial conquistado por sus jugadoras contra viento y marea. Su representación más gráfica la vimos en la bochornosa rueda de prensa de Rubiales: mientras culpaba a Jenni Hermoso de su actitud deplorable, regaba a Vilda con una subida de sueldo de medio millón de euros al año. 


Esta genealogía del conflicto liderado por unas jugadoras excepcionalmente valientes nos debe llevar a una reflexión: el beso de Rubiales a Jenni hermoso es solamente la punta del iceberg en una industria multimillonaria donde algunos hombres muy poderosos intentan amasar dinero y poder a costa de las victorias de nuestras jugadoras. Sin embargo, con lo que se han encontrado es con 23 futbolistas cuya sororidad ha conseguido evidenciar la necesidad de democratizar y feminizar unas instituciones que no estaban dispuestas a contar con ellas. 

Bajo este presupuesto, es importante evitar que este debate que han abierto las mujeres y el feminismo no se cierre en falso. El Presidente de la Federación debe ser cesado por el repugnante gesto machista que tuvo con Jenni Hermoso; de hecho, probablemente, debería de haber dimitido cuando su machismo y el de su hombre de confianza pusieron en riesgo el Mundial femenino. Este enfoque implica, sin embargo, que para plantear una solución amplia a lo que está sucediendo en el fútbol español hay que ir más allá de la judicialización. Como decía la filósofa Clara Serra estos días en un hilo de Twitter, el feminismo necesita de herramientas e instituciones capaces de combatir el sexismo que no pasen únicamente por el código penal cuyas consecuencias, en casos como este, pueden acabar siendo un boomerang que acaben por victimizar al machista. La mayoría social de este país ha dado una lección que significa una gran victoria para el feminismo: el beso sin consentimiento a Jenni Hermoso es inaceptable y debe implicar su cese inmediato, no necesitamos que ningún juez nos dé la razón para exigirlo. 

Para terminar, hay quién ha esgrimido durante estos días que la victoria histórica de la selección ha quedado lamentablemente empañada por el machismo. Sin quitarles la razón, creo que este Mundial también puede ser recordado como el momento decisivo en el que las jugadoras de la selección demostraron al mundo, desde una solidaridad ejemplar, que las mujeres no nos conformamos en salir en la foto, sino que el feminismo implica necesariamente la transformación estructural de las instituciones machistas que nos relegan al papel subalterno de poner la cara mientras las decisiones, el poder y el dinero recaen en los mismos de siempre. 


Más Noticias