Opinion · Otras miradas

¿Dónde están las mujeres?

Marián López Fernández Cao

Profesora titular en la UCM y presidenta en funciones de MAV (Mujeres en las Artes Visuales)

En todas las culturas, en todas las sociedades, la actividad artística ha servido como expresión simbólica del vínculo, de la separación, de la pérdida. Es sabido que ha sido utilizada para imaginar soluciones posibles cuando otras se veían inútiles, para explorar, en los recónditos y a la vez amplios confines de la imaginación, posibilidades de ser y hacer alternativas. En el arte, mujeres y hombres han reflexionado cómo ser sin estar, cómo dar sentido a sus vidas.

Por ello el arte es una expresión de vital importancia en el ser humano. Por ello, detraer al ser humano de la posibilidad de dejar huella es eliminar su presencia simbólica de la existencia.

¿Dónde están las mujeres en la historia? ¿Dónde en el arte, más allá de esas imágenes femeninas imaginadas y reconstruidas por otros?

El especialista en paz y conflictos, Johan Galtung, recientemente galardonado con el doctorado Honoris Causa por la Universidad Complutense, señalaba que la violencia directa hunde sus fundamentos y raíces en la violencia estructural –la económica, no hay mayor violencia que la pobreza-, y en la cultural, donde se legitima, reafirma y perdura la justificación de la violencia.

Privar a las mujeres de huella civilizatoria, como creadoras de relato y como protagonistas de la historia, es no sólo ejercer violencia sino justificarla.

¿Por qué no se enseña a las niñas y a los niños, quien fue Hildegarda de Bingen, una erudita, escritora, científica, botánica, compositora y artista del siglo XII, consejera de muchos reyes? ¿Por qué no se les habla de Marianne Sybille Meriam, que mostró por vez primera la metamorfosis de los gusanos de seda y viajó al Surinam en el S. XVII para dibujar nuevas especies? ¿O de la primera persona que ilustró un tratado de plantas medicinales en Inglaterra, Elizabeth Blackwell? ¿Por qué no se les habla de Käthe Kollwitz, una artista que se opuso a la guerra en su país y mostró como muy pocos artistas, el rostro lleno de dignidad de los grupos más desfavorecidos? ¿Por qué se elimina de los textos a Sonia Delaunay que introdujo el arte simultáneo en el diseño, la escenografía, los tejidos, los objetos cotidianos? ¿O a tantas diseñadoras como Alma Buscher, Marianne Brandt, Charlotte Perriand, que diseñó junto a Le Corbusier, la famosa chaise longe? ¿Por qué no se les muestra a una Gerda Taro, que, junto con su compañero, formó la firma Robert Capa y realizó parte de las más impactantes fotos de la guerra civil española? ¿Por qué no se les habla de Maruja Mallo, María Blanchard, Remedios Varo, Leonora Carrington, Tina Modotti, entre tantas otras?

¿Por qué el canon y modelo educativo no muestra a esas mujeres como personas que supieron no sólo crear, sino desafiar un contexto que trataba de excluirlas? La historia sirve para ofrecer modos de ser, de comportarse, de elegir, y de sus consecuencias. La presencia está ligada al reconocimiento. No reconocer a las mujeres del pasado, es no reconocer y legitimar la voz y la creación de las que habitan el presente.

Esta Feria de Arco, más del 50% de las galerías españolas no mostraron ni una sola mujer de su propio país. Galerías dirigidas por personas, hombres y mujeres, con edad alta, media y también muy jóvenes. No aparecieron como merecedoras o representativas de una elección, no apostaron por ellas, no les dieron reconocimiento. Y ello, cuando desde hace más de treinta años que las mujeres terminan la formación artística en más de un setenta por cien.

¿Cómo se puede arreglar? De entrada, educando con trayectorias de mujeres creadoras, donde niñas y niños se vean como necesarios constructores de la cultura, donde niños (y niñas) puedan encontrar guías y modelos en mujeres como Sofonisba Anguissola, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Lucía Moholy, Lissete Model, Diane Arbus, Sofía Taueber- Arp y tantas otras. Siguiendo por museos llenos de presencias femeninas donde niñas y niños puedan ver huellas civilizatorias. Museos que busquen en las huellas y trayectorias femeninas modos alternativos de entender el mundo y que den pistas, desde su experiencia y sabiduría, sobre las elecciones y vulnerabilidades de la vida. Con unas galerías valientes que confíen en su propio criterio independiente y que piensen que vale la pena apostar por mujeres en los momentos arriesgados. Galerías que no usen a las mujeres de comodines en los meses dedicados a la mujer, ese simbólico que hay que honrar y luego esconder para jugar con cartas seguras o despedirlas a toda prisa por la puerta de atrás porque llegan invitados que hay que agradar e invitar a los platos más suculentos.

¿Cómo se puede arreglar? Siendo honestos, valientes, trabajando contra los prejuicios propios y ajenos, teniendo criterio propio y pensando y defendiendo una cultura democrática de calidad que pueda hacernos mejores personas.