Otras miradas

Del 15-M a la fábula del PSOE desnudo

Virginia Perez Alonso

Adjunta a la directora de ‘Público’

Virginia Perez Alonso
Adjunta a la directora de ‘Público’

¿Recuerdan el cuento El rey desnudo? La fábula de Andersen narra cómo un presuntuoso emperador se deja convencer para vestir durante un desfile el traje más liviano y delicado jamás visto. Los sastres encargados de fabricar tan magna prenda consiguen convencer al emperador de que ésta será invisible para los estúpidos. Así que, ante el riesgo de ser considerados idiotas, ni su séquito ni él mismo se atreven a decir que ellos no ven el traje, y el emperador sale a la calle vestido con nada más que su propia piel pero seguro de que luce un vestido fastuoso. La muchedumbre lo aclama, temerosa de ser considerada imbécil, hasta que un niño hace notar a la multitud que su emperador va desnudo y todos se dan cuenta de que en efecto, el traje no existe.

Al aparato del PSOE y al establishment colindante les ha ocurrido algo parecido con la rotunda victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas. Creían que a base de repetir que su traje era el más espléndido, que a base de apartar a manotazos a los ‘estúpidos’, acabarían por deslumbrar con unas telas y hechuras que sólo ellos creían ver.

Lo que no calcularon es que podrían terminar caminando desnudos y solos, como finalmente ha ocurrido, aunque a diferencia del desfile del emperador de Andersen, en este caso no era un niño sino la muchedumbre la que les alertaba desde hace ya tiempo.

Primero auparon a Pedro Sánchez como vía interpuesta para la ascensión a los cielos de Susana Díaz. Cuando Pedro Sánchez se les desmadró (es decir, cuando empezó a tomar sus propias decisiones), el séquito del emperador  cerró filas y segó la hierba bajo sus pies hasta dejarlo caer, a plomo, con el riesgo de tumbar con él un partido entero.

No lo hicieron de manera precisamente delicada, sino burda y tosca, a la vista de todos, con amenazador estrépito ("si rompes las/nuestras reglas a esto te expones"), jugando (creían) a caballo ganador porque podían valerse de una maquinaria mediática cuya infalibilidad imaginaban fuera de toda duda gracias a una tasa de éxito notable, al menos hasta momentos recientes.

Pero la realidad es más tozuda que el recuerdo, y lo es aún mucho más que el deseo.

Hubo un mayo de hace seis años en el que las plazas españolas se llenaron de ciudadanos indignados. Lo hicieron al grito de "No nos representan", "Lo llaman democracia y no lo es", "Los políticos nos mean, los medios dicen que llueve", "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros", "Ni PSOE ni PP", "No somos antisistema, el sistema es antinosotros"…

Fue una primera alerta, pero no por ello menos contundente y definitiva. Algunos partidos quisieron simular empatía con el 15-M incluyendo en sus programas iniciativas salidas de las plazas hasta aquel momento inexistentes en el debate político. No era más que una mera muesca en las enormes orejeras que se calzaron en su huida hacia adelante; una huida que dura ya seis años y que ha acabado con un PP hediondo de corrupción y un PSOE tan pagado de sí mismo que creyó que podía volver la espalda a su propia militancia. Sin duda no leyeron aquello de "Vamos despacio porque vamos lejos".

La victoria de Pedro Sánchez abre muchas incógnitas, pero deja una importante constatación: los poderes fácticos y mediáticos van desnudos pero empiezan a ser conscientes de ello; y los ciudadanos han vuelto a tomar las riendas sin temor a que su emperador los considere estúpidos, porque, como escribió Goethe, "contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano".