Opinion · Otras miradas

La lapidación de Rosa Montero

Federico Herrera

Jefe de laboratorio de estructura y dinámica celular. Instituto de Tecnología Química e Biológica (ITQB-NOVA)

Federico Herrera
Jefe de laboratorio de estructura y dinámica celular. Instituto de Tecnología Química e Biológica (ITQB-NOVA)

He llegado tarde a la lapidación de Rosa Montero. Me enteré por la prensa, y cuando llegué el señor Pérez Ledo ya estaba tirando las últimas piedras mientras la señora Montero pedía disculpas.

Sí, Rosa Montero en su columna cometió varios errores desafortunados de carácter técnico, en dos grandes frentes de batalla como son los transgénicos y la homeopatía. Ambos son temas extremadamente sensibles, que no permiten inexactitudes, y Rosa Montero debería haberse dejado ayudar por algún amigo científico antes de meterse en este berenjenal. Personalmente, creo que el detonante de la lapidación no fue tanto su defensa de la homeopatía, que fue francamente débil, como coger a Norman Borlaug, la Revolución Verde y los transgénicos –tres ídolos de los divulgadores científicos actuales- y echarles poco sutilmente la culpa de la intolerancia al gluten. Lo cierto es que el trigo fue progresivamente seleccionado por su cantidad de gluten debido a la textura que éste da a la harina, que la hacía más útil para la industria alimentaria; y este proceso culminó en la Revolución Verde de Norman Borlaug, en la que se aumentó mucho la producción pero sin prestar mucha atención a la calidad nutricional[1]. En la Revolución Verde aún no se utilizaban transgénicos, pero el propio Borlaug reconoce que su trabajo puso el pie en el quicio de la puerta para la introducción posterior de esta tecnología[2].

Por otro lado, las tesis principales de la columna no son de carácter científico, sino social, y son correctas. A saber: 1) que somos consumidores cautivos de la industria y las multinacionales, y que éstas han estado dictando nuestros hábitos de consumo desde hace décadas (ver, por ejemplo, este artículo); 2) que la industria se están “erigiendo como adalid de la pureza científica” (y, añado yo, interfiriendo y dirigiendo la investigación científica hacia sus propios intereses); y 3) que es ciertamente llamativo que de repente haya subido el tono del debate sobre la homeopatía, un debate que ya viene de muy lejos pero que sólo esporádicamente tiene visibilidad en los grandes medios. Preguntarse por qué es un sano ejercicio de escepticismo científico que no abunda ni dentro ni fuera de la comunidad científica, y eso le honra, al margen de los errores de documentación que haya podido cometer.

A nuestros sufridos divulgadores y periodistas científicos les indignó que una escritora de renombre se pregunte qué mosca nos ha picado de repente con la homeopatía, aunque su defensa de la misma es tan tenue que se mimetiza con los propios remedios homeopáticos. Montero prácticamente dice: “¿pero a usted que le ha hecho la homeopatía?¡Déjela vivir!!Qué más le da!”. Y lo que en realidad se lee entre líneas es que ella no considera la lucha contra la homeopatía como una prioridad social, si se la compara por ejemplo con los abusos de las industrias farmacéutica, agrotecnológica, alimentaria, textil, etc…. Yo tampoco, aún sabiendo que la homeopatía es un falso remedio.

Se comprende que los divulgadores se sientan ofendidos porque alguien famoso defienda un falso remedio, cuando llevan esforzándose tanto para intentar corregir este tipo de conductas y denunciar estafadores desde foros menos multitudinarios. No obstante, el significado popular del término homeopatía trasciende su definición original y se asocia fuertemente –o directamente se identifica- con la medicina natural, tradicional y alternativa, compendios de conocimientos que no son necesariamente esotéricos, pseudocientíficos o falsos, y algunos de los cuales contienen prácticas útiles. Pruebas de esta estrecha asociación son que una mayoría abrumadora de divulgadores los meten a todos en el mismo saco y que, de hecho, comparten nicho comercial: muchas de las compañías y tiendas que venden productos homeopáticos también comercializan productos naturales y remedios tradicionales. En este colectivo hay muchísimos consumidores que simplemente defienden una vida ajena al consumo agresivo, el pensamiento único y la idolatría de lo artificial que lo ocupa todo en esta sociedad moderna líquida. Este colectivo ha sido insultado, descalificado, humillado, etiquetado, clasificado, despreciado y burlado cotidianamente por figuras de autoridad como médicos, especialistas, periodistas, científicos y divulgadores desde hace ya años sin que haya mermado –si es que no se ha incrementado- el uso de estos productos. Rosa Montero ha vivido una pequeña muestra de lo que sufre este colectivo constantemente, pero sin el escudo de la popularidad. Este acoso les ha hecho cerrarse en sí mismos, rechazar cualquier información del mainstream, correcta o incorrecta, y recurrir a canales de información que los tornan aún más vulnerables al esoterismo y la pseudociencia. Bueno, señores, ¿no creen que ya va siendo hora de cambiar de estrategia? Tomen nota por favor de lo que han conseguido las fuertes campañas mediáticas basadas en el ridículo o el miedo en contra de Donald Trump, Marine Le Pen, Pedro Sánchez o Podemos, o a favor del Brexit. Miren en qué estado están los socialistas hoy, cuando más los necesitábamos. Ustedes van exactamente por el mismo camino, y el palo que se van a llevar lo vamos a pagar todos.

Bertrand Russell[3] decía que una sociedad científica sería una sociedad autoritaria, terrible e indeseable si no hubiera un incremento paralelo de la sabiduría (wisdom). La sabiduría a la que se refiere Russell, si se le lee con atención, no tiene que ver con el conocimiento científico o tecnológico. Es un concepto que incluye virtudes como la prudencia, la paciencia, la tolerancia, la justicia y el amor. Estas preocupaciones están presentes en prácticamente todas las distopías posteriormente dibujadas por la ciencia ficción, desde “Un mundo feliz”(Huxley, 1932) y “1984” (Orwell, 1949) hasta las películas de Paul Verhoeven, lo que indica que son compartidas por una parte importante de la sociedad. Si queremos construir una sociedad científica que nos ayude a ser más felices, tal vez tengamos que dar una de cal y una de arena, un poco de ciencia y un poco de cariño y respeto, a partes iguales. Algunas guerras se ganan con caricias, y no a pedradas.

Llegué tarde a la lapidación de Rosa Montero, fui a coger una piedra, y entonces me acordé de que no me gustan las lapidaciones, por muy justas que sean sus causas.

Un besazo para Rosa Montero, y también para nuestros sufridos divulgadores.


NOTAS
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Triticum
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_verde
[3] La Perspectiva Científica, 1931