Opinion · Punto y seguido

La resistencia iraquí en España

Del 18 al 20 de junio, Gijón y Madrid albergarán la primera Conferencia Internacional de la Resistencia Política Iraquí. La convocatoria denuncia la ilegalidad del Gobierno tutelado en Irak y, bajo el amparo de la Convención de Ginebra, reivindica el derecho a desalojar a los invasores.
Era previsible que el régimen títere de Bagdad, impuesto por el ocupante, intentara chantajear a España con boicotear a las compañías españolas que “desean invertir en el prometedor mercado iraquí”, con el fin de impedir que se oyera la voz del pueblo iraquí. Lo que sorprende es que el Gobierno promotor de la Alianza de Civilizaciones ceda ante el chantaje de unas instituciones ilegítimas, nacidas del Choque de Civilizaciones de Bush, en vez de mostrar la dignidad de su iniciativa.
En el séptimo año de la agresión de EEUU y sus aliados a la antigua Mesopotamia, Barack Obama perpetúa aquel dominio colonial y respalda con la inmunidad de sus tropas a las empresas que expolian los inmensos recursos de Irak. Como consecuencia, millones de iraquíes siguen sin acceso al agua potable, luz, educación, sanidad o un puesto de trabajo, y cerca de 10.000 patriotas se encuentran en prisiones como Abu Ghraib, creadas por el Pentágono.
La democracia instalada en la llamada Zona Verde por las tropas invasoras no es más que una oligarquía teocrática, oscurantista, autoritaria, corrupta y protegida por escuadrones de la muerte. ¿Acaso se pensaba que con tal perfil iban a compartir los billones de petrodólares con la masa empobrecida del país?
Irak se remueve entre sus ruinas, quiere mostrar al mundo la voz y la faz de su sociedad destrozada, sus mujeres violadas y prostituidas, y sus criaturas huérfanas. La resistencia planta cara al colonialismo para impedir que caiga en olvido una guerra que hoy sigue abierta con toda su crudeza.
Debería ser un honor que la resistencia democrática iraquí haya elegido esta tierra, donde en 2003 resonó con fuerza el “No a la guerra”. Se equivoca quien piense que denegando un puñado de visados a sus emisarios se van a silenciar las lícitas exigencias de una nación oprimida. Porque, más que un derecho, luchar por la justicia y libertad es una obligación.