Opinion · Punto y seguido

EL Dorado en Asia central

Hasta la fecha, las minas más conocidas en Afganistán eran los explosivos que diferentes canallas siembran en aquella tierra desde hace 30 años y cuyo efecto más benévolo es la amputación de algún miembro, algo que Sebastião Salgado ha retratado con extrema crudeza.
De repente, el subsuelo del país invadido ofrece algo más que fosas comunes y se nos muestra tentador, lleno de inmensos tesoros minerales. La supuesta primicia no la ha publicado a bombo y platillo el ornamental Gobierno afgano, sino el mismísimo Pentágono. Estamos ante un no evento, pues el potencial geológico de la región está más que documentado desde la llegada, hace más de un siglo, de las primeras expediciones coloniales rusas o británicas.
Se trata de activar la ilusa codicia del populacho, de lograr que simpatice con una guerra infinita a cambio de una recompensa imposible, para justificar la costosa aventura bélica a costa de nuestros bolsillos aquí y de vidas humanas allá. El tema requiere dosis extras de cautela y cinismo, no sin riesgos políticos. Al presidente de Alemania Horst Köhler le costó el puesto sugerir que las tropas de su país están en Afganistán para proteger la economía alemana.
Clausurar Guantánamo, pacificar Oriente Medio, salir de Irak… La lista de promesas incumplidas es larga, y la popularidad de Obama zozobra en el chapapote de BP. Con sobrados motivos para
preocuparse, los expertos de comunicación de la Casa Blanca acaban de sacar de la chistera la enésima cortina de humo. Nada mejor para inyectar alegría en tiempos de crisis que sugerir un buen expolio al patrimonio natural de una tierra lejana.
EEUU no consigue que cuajen ni sus objetivos ni sus artimañas propagandísticas. Bin Laden sigue desaparecido, las afganas andan igual o peor que antes, la amenaza terrorista no se esfuma y tampoco se atisba una salida para el tremendo embrollo creado. En lugar de enredarse con tanta excusa volátil, sería más sensato confesar otras motivaciones, como el control de la ruta energética que va desde el Caspio hasta el Índico o la consolidación de la región como una gran base militar.
Agujerear el paisaje afgano en búsqueda del vil metal. Sólo le faltaba eso a la interminable desgracia de aquella pobre gente.