Carta con respuesta

Michelines en el alma

Resulta tremendo que un científico como el Dr. Watson utilice la plataforma Nobel y la ciencia para ir contra los derechos humanos y diga que los negros son menos inteligentes que los blancos. Todos sabemos que la inteligencia es discontinua y puede sufrir altos y bajos. ¿Ustedes creen que los científicos son más honrados y nobles que el resto de la sociedad? Respetan más los científicos los derechos humanos? Pues no, son personas normales. En este caso el Dr. Watson sólo refleja su sociedad, el ambiente donde se ha criado (Chicago), es sólo un reflejo de su microcosmos. Después de leer ‘The Sunday Times’, mi CI se ha elevado visceralmente a 190 para defender los derechos humanos, pero ojo, los seguiré defendiendo cuando vuelva a 150. Blanco y en botella, creo que científicamente es horchata.

DRA. MONTSE BACH-ELIAS, Sant Boi del Llobregat (Barcelona)

Sí, el propio Watson se ha disculpado. Cuando leí la noticia lo primero que pensé fue: "Watson, tronco, define inteligencia". Porque al final resulta que la inteligencia no es más que lo que miden los tests de inteligencia, que, por supuesto, tienen sesgos sociales, culturales, raciales, etc. Lo segundo que pensé fue: "Bueno, y si fuera verdad, ¿qué?" Si se demostrara que los pelirrojos tienen mejor puntería que los morenos , ¿nos importaría un pito? ¿Por qué nos importa tanto esa inteligencia que ni siquiera sabemos definir?

Como es notorio, yo me paso la vida ligando con ganadoras de concursos de misses, con actrices y con top-models y, aunque sean esculturales y resplandecientes, al final siempre se quejan de lo mismo, en los momentos de más intimidad: Rafita, me veo gorda; mira, mira qué pistoleras tengo; menudo culo estoy echando; y mis labios ¿no te parecen repelentes?

¿Por qué nadie está contento con su cuerpo y, en cambio, sí de su inteligencia y de sus cualidades morales? Todo el mundo reconoce (o se figura) defectos físicos, pero no hay nadie capaz de ver su propia celulitis moral, nadie que diga: soy egoísta, busco mi propio beneficio, abuso de la debilidad de los otros, no hago mi trabajo y echo la culpa al de al lado. Celulitis moral, por cierto, es lo que tiene Watson y no se la ve: cartucheras éticas, piel de naranja en el espíritu, michelines en los muslos del alma. Nadie admite tampoco ser un lerdo, romo, obtuso o más cerrado de entendederas que la tapa de un féretro. Es curioso, ¿verdad? ¿Será acaso porque nuestra inteligencia y nuestro sentido moral nos parece que somos nosotros y, en cambio, nuestro cuerpo nos parece siempre ajeno, construido por la mirada de los demás, por el deseo de los demás, por el juicio que nos imponen? ¿Será porque el cuerpo es el lugar de la batalla, donde combatimos por nuestra identidad? ¿Usted que piensa, doctora?

RAFAEL REIG