Opinion · Carta con respuesta

Otros analfabetos

Leí el otro día en su periódico la noticia “China debate cómo privatizar el campo”, e ilustran el artículo con una fotografía de una campesina en labores de recolección, rotulando “Una campesina china de la provincia de Liaoning (…) recoge trigo en una granja estatal”. El motivo de esta carta es señalarles que no es trigo. Yo creo que tras un año de publicación sus lectores nos vamos mereciendo que vayan cuidando esos pequeños detalles que dan rigor al periódico. Un saludo.

RAFAEL BARREDA VELÁZQUEZ MADRID

Así que no era trigo? Como era en China, ¿no sería arroz? Si llega a ser Holanda, la habríamos puesto a recoger tulipanes y, de haber sido Jaén, la pobre no tendría más remedio que varear olivos. En la canallesca somos así. Por eso le agradezco de verdad su corrección y tomo nota. Yo, que puedo hacer transbordos de metro con los ojos cerrados, que distingo a simple vista un traje de Zara y uno cortado por un buen sastre, que intuyo de forma sobrenatural el instante en el que el semáforo va a cambiar a rojo… ¡tampoco distingo el trigo de la cebada, el maíz o la soja! En el campo, soy analfabeto, no veo nada. Para mí todo son árboles y pájaros, nada de estorninos y golondrinas o alcornoques y rododendros. Para mí el paisaje es como si estuviera escrito en jeroglíficos: no sé leerlo. Miro por la ventanilla del tren como miraría un libro un analfabeto: veo garabatos, curiosos signos, letras sueltas que no consigo unir para que formen palabras. A mí no me dice nada, no sé ni deletrear: ignoro qué rayos estoy viendo, no sé si un campo está recién arado, en barbecho o acaba de ser cosechado. Una ciudad, incluso desconocida, me parece legible; más allá de la M-30, en cambio, es como si la realidad estuviera escrita en chino o en lineal B.

En cualquier ciudad del mundo me oriento y, si en una novela leo una descripción urbana, me la imagino sin esfuerzo. Cuando leo páginas de Benet llenas de términos geológicos, capítulos de Delibes repletos de sabiduría ornitológica o esas parrafadas de Muñoz Molina en las que aparecen múltiples aperos de labranza, acabo pensando en mis cosas, porque no consigo ver nada. Distingo masas borrosas, un monte, un pájaro, una especie de azadón, como quien se olvidó las gafas y ya solo ve manchas de color.

Este analfabetismo lo vivo como una grave y vergonzosa mutilación. Hace casi veinte años publiqué un libro en el que hablaba de unas granjas-escuela para novelistas; allí podrían aprender a hacer descripciones (o pies de foto). Me gustaría que existieran y fuera obligatoria la asistencia (también para periodistas). Antes de que nos quedemos todos ciegos, deberíamos hacer ese esfuerzo por aprender a leer la naturaleza. Gracias por ayudar.