Dos tontos en apuros

Rajoy sigue sin enterarse de que lo que muchos ciudadanos no queremos es tener que ser más listos para vivir mejor. Eso es lo que propone como única vía para mejorar nuestro nivel de vida. Lo que muchos queremos es poder seguir siendo tontos sin que por ello tengamos que morirnos de hambre. Que la brecha salarial que separa a los listos de los tontos no sea cada vez mayor, como está ocurriendo en nuestra superliberal sociedad. Que si todos queremos ser los más listos, a ver quién va a hacer de tonto. Que sin tontos el sistema se va al garete. Que no pueden sobrar registradores de la propiedad y faltar albañiles. Y que si todos somos necesarios, algo habrá que hacer para poder decir que vivimos en una sociedad justa. Esto ya aburre.

MARIO LÓPEZ SELLÉS MADRID

No puedo estar más de acuerdo. Hay desigualdades atroces que impiden que la mayoría de los seres humanos sean todo lo listos que pueden ser. Vale. Pero, aun así, incluso con una igualdad de oportunidades real, puede que haya tipos más listos, más veloces, más guapos, más hábiles. ¿Y qué? ¿Qué derecho tiene a vivir mejor alguien por ser más inteligente o más útil para la sociedad? ¿Por qué un tipo tonto, débil, feo, sin creatividad, sin ninguna capacidad útil o atractiva tiene que vivir peor que un genio?

En mi opinión, eso es una inmoralidad. Esa inmoralidad se llama sistema capitalista. Es parecido a un siniestro patio de recreo, donde se impone el más fuerte y es el matón el que dicta las leyes. Al débil sólo le queda energía para intentar (casi siempre en vano) parar los golpes.

En mi desorientación demagógica, siempre me he tomado en serio lo que decía Machado: por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. Nadie se merece más que otro. A lo mejor este igualitarismo estalinista elimina el sagrado impulso a hacer grandes obras y a superarse: ¿para qué, si vas a ganar lo mismo aunque no hagas nada? Pues si es así: mejor. Si todo el estímulo para hacer algo importante era recibir más ración que los demás, ponerse por encima del resto, entonces me parece inmoral y no vale la pena. Como dice usted: aburridos estamos ya.