Raza y pedigrí

No puedo evitar mi pesar al ver pasear en mi barrio cantidad de perros de raza: goldens, bulldogs franceses, labradores, etc., adquiridos la mayoría en tiendas o criaderos. Mientras tanto, miles de perros mestizos sufren una vida lastimosa encerrados en perreras. Perros cariñosos, buenos, inteligentes y, a menudo, mucho más sanos debido precisamente a su mestizaje, que seguro que proporcionarían la misma compañía a los que se empeñan en adquirir uno de raza. Si entre los humanos el concepto de raza está obsoleto, ¿por qué se sigue priorizando este concepto entre los perros? Es algo cultural, sin duda, pero que tendría que empezar a remitir, pues son demasiados los perros que están sufriendo mucho.

LALI LLOBET SALES BARCELONA

De verdad cree usted que “entre los humanos el concepto de raza está obsoleto”? Ojalá. A mí me parece que nunca ha gozado de mejor salud, ni más vigencia y actualidad. Desde Israel y Palestina hasta San Obama (del cual lo más importante parece ser el hecho de que es mestizo), pasando por las matanzas en Perú o las noticias sobre Bolivia, por no mencionar ciertos delirios vascos o el hecho de que el pedigrí aún dé derecho a ocupar un trono en algunos sitios (aquí, sin ir más lejos).

No creo, por otra parte, que vaya a remitir sólo porque sean “demasiados los perros que están sufriendo mucho”. Si se tratara de eso, si sólo fuera por sufrimiento, ya habría desaparecido hace siglos la explotación entre los humanos.

No gastaría yo un minuto en intentar probar que los chuchos son muy buenos (o en comparar el cerebro masculino y femenino). Aunque se probara sin lugar a dudas que son menos cariñosos, inteligentes o sanos que los perros de raza, ¿no merecen el mismo trato? Pienso lo mismo de nosotros: aunque los negros fueran más ágiles que los blancos, o las mujeres más inteligentes que los hombres, no tendría la menor importancia. Igualdad para mí no significa que tengamos los mismos derechos porque seamos iguales, sino algo mucho más radical: aunque no seamos iguales. Los tontos, los pusilánimes y los débiles nos merecemos lo mismo que los fuertes, los valientes y los sabios.