Pato confinado

Dime qué defecas y te diré quién eres: La forma y color de las heces hablan de nuestra salud

Foto: lyperzyt / Pixabay

Un retrete habla de España

Fue el filósofo Slavoj Žižek, siempre iconoclasta y provocador, quien afirmó que los retretes explican el mundo. El baño, en su forma y estructura, está íntimamente relacionado con la forma de pensar de los pueblos y su ideología. "Las creencias están allí en la práctica", dijo en una célebre conferencia que podéis encontrar en YouTube.

Los franceses, según este filósofo, inventaron unos retretes a medida de sus ideas: hondos y rápidos, diseñados para hacer desaparecer inmediatamente la deposición. Es como si no quisieran saber nada de ella, lo mismo que les ocurre con los reyes (una especie de guillotina, certera y sin dejar huella).

Entre los ingleses, en cambio, la cosa flota en mitad del agua como si fuera una rana que nos observa desde la charca y dice: ¿papá? Los alemanes, por su parte, tienen una especie de meseta donde la plasta tarda en escurrirse hasta el fondo, razón por la cual pueden observar con tranquilidad lo que ha salido del cuerpo.

¡Allí están los analíticos! ¡El círculo de Viena! ¡Kant y su crítica de la razón práctica! Los que quieren inspeccionar el mensajero antes de darle el último auf Wiedersehen...

Los que husmean cualquier signo o cambio para determinar si está allí la profecía de una enfermedad o el signo de una mala dieta. En otras palabras, según Žižek: el mundo se divide entre quienes analizan su mierda y quienes no.

Dime cómo defecas y te diré quién eres

Los alemanes, sin embargo, tienen algo de razón en este escatológico asunto que es todavía tabú. Sin obsesionarnos, las heces que expulsamos cada mañanita o tarde nos indican cómo van las cosas en el mundo interior.

Nos dicen si nos estamos alimentando correctamente o llenando el cuerpo de basura. Nos pueden insinuar que el hígado está cansado de tanto lío (este órgano segrega sales biliares en las heces, y la bilirrubina les da el color marrón), o si la microbiota está en pie de guerra.

Al fin y al cabo, hablamos del último peldaño de la nutrición, y no por ello el menos importante: todo lo que se come, procesa, nutre y sacia al cuerpo, termina en un retrete español (y poco analítico, según la escala de Žižek).

Así que este será, parece ya claro cual detrito pasado de grasa, un artículo de mierdas...

Dime cómo defecas y te diré quién eres. Las heces pueden decirte que te faltan nutrientes (como la fibra) o que sobran (como las grasas o el gluten, si eres intolerante). El color, la consistencia o incluso el olor, explican tu estilo de vida mejor que la cuenta de Instagram.

Fueron los ingleses, acaso por la estructura nacional de sus retretes, quienes crearon la primera escala para medir las heces. Se llama la Escala Bristol y fue inventada en la universidad médica de dicha localidad en 1997.

Mide en siete categorías desde el estreñimiento a la diarrea, y es una herramienta práctica para que los médicos puedan determinar el tiempo que le cuesta a la comida cruzar por el cuerpo (nuestras caquitas tienen que recorrer nada menos que alrededor de siete metros de intestinos).

La ciencia ha ido separando y analizando, cual docto alemán, las heces por su apariencia y consistencia. Y todo para relacionarlo con la salud del individuo, no por un impulso parafílico o de mal gusto.

La caca ideal o platónica

Las metáforas en este caso son siempre necesarias. Hay quien habla de forma de salchicha, serpiente, o de amebas (informes). Hay quien las divide en si son blandas o firmes, separadas y duras, como las de una oveja, o con orgulloso cuerpo de morcilla burgalesa.

Es la búsqueda para encontrar la caca perfecta, a la que todos deberíamos aspirar, esa que despierta la sonrisa del alemán cada morgen tras el café...

Y la caca ideal o kantiana es... Entre unos diez o quince centímetros de longitud, 2-3 centímetros de grosor, y debe ser lisa, blanda y de color marrón, en forma de salchicha, butifarra, o incluso culebra. Y que no flote y no se enganche en las paredes.

Ni muy clara ni muy oscura. Que no tenga mucosas, granos o trocitos sin digerir. Y debe salir a pasearse entre una vez y tres veces al día. Esta es la hez platónica. La hez de heces. La que no necesita mucho papel higiénico. Un trabajo limpio, el Pegasus de los desechos. Siempre hacia el fondo.

Para saludarla a ella, y no a otra, los alemanes diseñaron esos baños impúdicos. La forma y color de las heces dependen del tiempo que pasan en el colon y de cómo operan nuestras cañerías.

Si están demasiado blandas y deshechas, te pueden avisar de que has estado de juerga la noche anterior; o que tu microbiota tiene las bacterias algo estropeadas; puede que haya un virus o alguna intolerancia a ciertos alimentos; que el estrés te esté jugando una mala pasada; o que estés agobiando a tu estómago con basura procesada.

Si flota y no va hacia el fondo como el misil español que debería ser, indica que está llena de gases, como el metano, y algunos expertos también lo relacionan con una menor producción de la serotonina. También puede hablarte de un exceso de grasas o de estrógenos.

Las heces son más densas que el agua. Es una cuestión física. Que floten no significa que necesariamente estés enfermo, pero están alejadas del ideal. A veces sí que puede ser el signo de una pancreatitis, una infección o una absorción deficiente.

Los colores son importantes

En cuanto al color, hay que estar atentos. Aún siendo franceses, podemos imaginar que el rojo no indicará nada bueno. Tanto el rojo brillante como el negro podrían mostrar que hay sangre en la caca, proveniente del aparato digestivo superior o inferior. También se vuelven muy oscuras cuando hay un exceso de hierro (por ejemplo, cuando se toman suplementos).

Si salen de color verde tampoco es bueno. Te dicen que los alimentos están pasando demasiado rápido por el intestino grueso (¡metros de vértigo!), que las lechugas todavía están allí, o que la bilis no tiene tiempo para descomponerse y formar la estercobilina.

De color blanco o muy claro, no es un buen síntoma. Quizás se deba a falta de bilis o a una obstrucción en las vesículas biliares o problemas hepáticos. Si son de un amarillo grasiento, nos indican un exceso de grasa, o trastornos intestinales, del páncreas, e intolerancias como la celiaquía (por la proteína del gluten).

Piensa que hay alimentos que tiñen las heces, por lo que no es cuestión de un día: un delicioso arroz negro, por la tinta del calamar, la volverá como la pelota oscura del billar cuando la cuelas por el agujero. Lo mismo ocurre si bebes mucho vino. Ciertos colorantes, o alimentos como la remolacha o la sopa de tomate, la pueden volver algo rojiza, o verdosa si has abusado de la clorofila. Algunos medicamentos también pueden tener influencia en su forma y color. Si se debe a una mala alimentación, cambia la dieta. Si crees que hay sangrado, visita al especialista.

En cuanto a la consistencia, los de Bristol lo tienen claro:

Paso 1: Si son separadas, duras y pequeñas, estás en el reino del estreñimiento. Y debe cuidarse, porque el estreñimiento se ha relacionado con el cáncer de colón.

Paso 2: De forma alargada y con bultos, podría indicar que falta hidratación, y tampoco es buena señal para tu organismo. Hidratarse es como poner la gasolina al coche.

Paso 3: Si es alargada pero con grietas, te estás acercando a la caca platónica. Todo va bien. Puedes brindar con el germano.

Paso 4: Si es como una salchicha o serpiente, lisa, blanda y marrón, es la caca perfecta. Puedes hacerte un selfie con ella.

Paso 5: Una hez pastosa, con los bordes definidos, y que se expulsa fácilmente, nos indica una falta de fibra. Mal asunto, la fibra es básica para el intestino y la microbiota. Estamos entrando en el reino de la heces diarreicas.

Paso 6: Fragmentos blandos y esponjosos con bordes irregulares y consistencia pastosa... semi diarrea.

Paso 7: Es la totalmente líquida o diarrea total, y aquí debes vigilar la deshidratación y la pérdida de nutrientes esenciales.

Se calcula que una persona puede llegar a producir entre cuatro y cinco toneladas de excrementos a lo largo de su vida. Lo hace cada vez que los residuos alcanzan un peso de determinados gramos en el tramo final del intestino grueso. Entonces se activa la palanca, se abre el esfínter, y nuestra musculatura las libera. La proporción total de desechos platónicos seguramente hablará de nuestra salud.

Žižek cerró el asunto diciendo que los alemanes eran conservadores, pensadores, y contemplativos. Los franceses, en cambio, radicales y directos, y los británicos liberales y moderados, y de ahí el diseño de sus letrinas.

No dijo nada de los españoles y de esos refranes tan de los Tercios, como "comer bien y cagar fuerte y no tener miedo a la muerte". Pero quizás este artículo haya aportado su boñiga a este debate espiritual que sacude Europa desde los tiempos de Hegel.