Pato confinado

Atragantarse es la tercera causa de muerte, pero una maniobra puede salvarte la vida

Toser es una de las respuestas del organismo ante el atragantamiento. Foto: Mohamed Hassan en Pixabay

Hay historias terribles. Personas que le regalan un buen jamón a un ser querido y que días después reciben la noticia de que ha fallecido atragantado cuando se hacía un bocadillo.

Niños que desaparecen en minutos por una golosina mal puesta. Amantes que pierden su vida en común por un trozo de zanahoria cruda atorado en la glotis (el último caso conocido fue el fallecimiento de la esposa del televisivo doctor Cabrera).

A veces salen en las noticias y otras no. Pero el atragantamiento es algo más común de lo que puede parecer. Este tipo de asfixia se lleva más vidas que los accidentes de tráfico, según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Se produce cuando algún objeto (llamado cuerpo extraño) obstruye la vía aérea, cuando se desvía accidentalmente, se mete por mal sitio, o cuando es superior al tamaño de la faringe, la laringe o la tráquea.

Ocurre en bebés, niños, y también adultos. Afecta especialmente a los menores edad y sobre todo a las personas que superan los 65 años (a esa edad es más común, por ejemplo, la disfagia, un trastorno o dificultad para tragar correctamente, factor que lo facilita).

Hablamos de la tercera causa de muerte no natural en España (según datos de 2017), solo por detrás de los suicidios y los accidentes domésticos. Hablamos de más de dos mil muertos al año. La mayoría de los atragantamientos, sin embargo, no se dan por alimentos, sino por objetos, como pastillas, tapas de botellas de agua, juguetes, canicas, o inclusos trozos de la dentadura.

Los alimentos más peligrosos son aquellos que no pueden desmenuzarse fácilmente o que tienen fibras elásticas que les permiten enroscarse (por ejemplo, el jamón). Piensa en el pulpo, ha habido casos, o en los embutidos.

A veces ocurre por un simple nacho o unas palomitas. La mala masticación de un trozo grande, el desvío o atoramiento, son los principales inductores. Tanto en menores como en ancianos, las capacidades de deglutir correctamente o no están desarrolladas del todo o a veces están mermadas.

Una uva, como ha habido muchos casos, puede ser entonces la última cena. También ocurre con salchichas, o semillas y gajos de mandarinas. Malvaviscos o nubes dulces, aceitunas, frutos secos, zanahorias crudas, trozos de manzana, carnes mal masticadas... Hay que ir con cuidado con ellos, están entre los alimentos más peligrosos, especialmente en niños.

Cuando se produce el atragantamiento cada segundo cuenta, pues el cuerpo humano aguanta poco sin poder respirar (hablamos de minutos, entre cuatro y seis ya puede haber un daño cerebral).

El organismo responde con la tos, si el alimento se ha colado desde la laringe por la vía respiratoria, o con nauseas y regurgitaciones si se ha quedado atascado. Pero a veces, en los casos graves, estos sistemas de defensa naturales no son suficientes y se debe reaccionar con la máxima velocidad y determinación.

Es muy útil en estos casos conocer la maniobra de Heimlich. Heimlich fue un médico estadounidense que desarrolló esta técnica y que es hoy la más usada del mundo. Consiste en un conjunto de comprensiones abdominales que debe recibir la persona que se está ahogando, o impartírselas él mismo si se encuentra solo en el momento fatídico.

Se aplica en los casos en que se haya producido una obstrucción total que impide respirar al atragantado. La recomendación de los expertos es llamar inmediatamente al 112 (número único europeo de emergencias) y aplicar los primeros auxilios.

Si la obstrucción es parcial, y el afectado aún puede hablar, respirar o toser, se debe mantener la calma y animar al sujeto para que tosa con fuerza y ver si así se libera. Nunca hay que darle en este caso nada de beber o de comer, pues podría empeorar la situación, ni tampoco darle golpes en la espalda, pues se puede impactar todavía más el objeto. Darle palmadas mientras tose, aunque es una costumbre arraigada, puede empeorar el cuadro.

Si la obstrucción es total, se debe actuar inmediatamente. Según los expertos, uno de los errores más comunes es no reaccionar a tiempo. Muchas personas no saben cómo actuar o no se dan cuenta del peligro de la situación hasta que es demasiado tarde.

En los casos severos, la persona no puede hablar, toser, ni respirar, y pronto empezará azularse. Se llevará la mano al cuello y tratará, desesperado, de ponerse en pie... Es el momento de aplicar las maniobras.

Si la maniobra de Heimlich se la haces a otro...

Los expertos en primeros auxilios, como los de la Cruz Roja, recomiendan empezar con unos golpes en la espalda para ver si de esta manera se puede liberar el objeto.

Ponte detrás del sujeto, e inclínalo hacia delante, con la boca en dirección al suelo. Se le dan cinco golpes secos, a la altura de los hombros, en la intersección de los omoplatos, mientras que con la otra mano se le sujeta el tórax para que no se caiga; el tronco debe estar inclinado hacia delante (se busca que con los golpes el objeto extraño no se introduzca a mayor profundidad en las vías respiratorias).

Los golpes se dan con la palma de la mano abierta, golpeando con el talón de la misma, con la parte más dura. En caso de no resultar, se aplica la maniobra de Heimlich que, igual que las palmadas, solo se recomienda si la persona no puede hablar, respirar y toser. Hay que tener en cuenta que es una maniobra agresiva, ya que se necesita emplear la fuerza y puede causar lesiones.

La maniobra consiste en realizar una serie de contracciones abdominales, contraer con fuerza el abdomen para que el objeto extraño se mueva hacia arriba y se expulse, facilitando la respiración. Lo ideal es ver cómo se realiza esta maniobra en algún vídeo o, mejor aún, asistir a un curso de primeros auxilios, ya que apenas tienen coste de tiempo y pueden salvar vidas. Se deben hacer cinco compresiones fuertes, secas y continuadas, haciendo presión en el abdomen hacia arriba y para dentro.

Se rodea por detrás al sujeto y, en la boca del estómago, se fija una de las manos en forma de puño (con el nudillo del pulgar contra la piel como punto de fuerza); con la otra mano, con la palma cubriendo el puño, se ejerce la presión de manera directa y vigorosa. El puño se sitúa a unos cuatros dedos por encima del ombligo, en la boca del estómago. Con compresiones rápidas y fuertes, se busca así liberar la vía. Si no funciona, se recomienda alternar las palmadas en la espalda con las compresiones abdominales, la idea es utilizar ambos métodos consecutivos para ver si así puede volver a respirar.

Si te la haces a ti mismo...

En caso de atragantamiento severo, si uno está solo, aplicarse a sí mismo la maniobra de Heimlich con las manos puede ser una pérdida de tiempo, pues se carece de la fuerza necesaria para hacer la compresión. En estos casos, debes buscar una superficie para presionar en el mismo punto del abdomen (a unos cuatro dedos por encima del ombligo). Con el peso del cuerpo contra la superficie, debes realizar las compresiones sujetando las manos en alguna parte firme del objeto que uses.

Puede funcionar una barra, respaldo de la silla, canto de mesa alta, cabecero de una cama, o cualquier superficie donde podamos hacer la maniobra, donde conseguir un punto de presión en la base del abdomen y con el tronco del cuerpo inclinado hacia delante.

Se coloca entonces la boca del estómago sobre la barra o superficie dura y se procede a hacer la presión, con impactos secos y enérgicos, y con la cabeza inclinada. Es necesario poder agarrarse a algo para hacer la suficiente fuerza en las comprensiones. Puede utilizarse, por ejemplo, una silla: con el canto del respaldo se ejerce la presión, y mientras tanto agarras y haces fuerza desde el asiento. En este vídeo verás un caso real de cómo un camarero se aplica a sí mismo la maniobra. Se deben realizar las compresiones hasta que se expulse el cuerpo extraño.

En caso de que sean lactantes...

En los niños, con este tipo de operaciones, es más probable que se produzcan lesiones, por lo que la maniobra de Heimlich no está recomendada para menores de un año ni tampoco en embarazadas. Pero los bebés a veces pueden igualmente atragantarse y, en caso de que la obstrucción sea grave y que no pueda toser, se debe emplear una maniobra basada en los mismos principios.

En este caso, se pone al lactante boca abajo, sujetándole con un brazo la cabeza y hombros. Se le da con la otra mano cinco palmadas entre los omoplatos. Si el cuerpo extraño no ha salido, gíralo de cara a ti, sujetándolo con un brazo, y realiza con la punta de dos dedos las comprensiones torácicas en la boca del estómago. Si no funciona, vuelve a girarlo y a darle palmadas. Alterna estas operaciones hasta que se libere la respiración. Puedes ver en este vídeo de la Cruz Roja cómo funciona.