Rosas y espinas

Saca el güisqui, Reverendo

 

 

Se nos ha muerto como del rayo el Maestro Reverendo. Y como de la raya. Y como del güisqui cheli para el personal. Se nos han muerto los vinilos y los felices y terribles 70 y 80. El cadáver de Manuela Malasaña está tirado en su propia calle. Un borracho ha empotrado su ferrari en el piano. Los gatos callejeros ya son todos confidentes de la pasma y, en resumen, que se han muerto aquel Madrid y aquella España.

Los veranos, los inviernos, los otoños y las primaveras son estaciones horribles para que se nos mueran gentes como el Maestro Reverendo. Podría haber elegido cualquier otra. No se me ocurre fecha más impropia que ayer, pasado, hoy o nunca para que se haya muerto.

Llamo a Moncho Alpuente, que, entre otros cientos de gamberradas, compartió junto a Wyoming y Reverendo escenario con el grupo Tres tristes tigres.

-Pues jodido -me dice-. Me ha llamado Wyoming y me ha dicho que ya solo quedamos dos tristes tigres. ¡Qué pocos tigres tristes quedamos, coño!

El Maestro Reverendo representaba como nadie una forma de hacer cultura que hoy se lleva muy poco: la revolución de bar. Donde se encontraba a gustito el Maestro Reverendo era tocando en los bares, haciendo la revolución desde la risa y destrozando organillos zarzueleros bienpensantes.

En su casa escribía sinfonías, pero las sinfonías tardan demasiado tiempo en cambiar el mundo, y con un buen chiste de bar, sentado al teclado de un piano con todas las teclas negras y cabareteras, puedes demostrarle inequívocamente a la peña que la gomina del poder es solo caspa bien pegada.

Ahora que se ha muerto el Reverendo, a uno le da por pensar que en aquellos tiempos de libertades núbiles, segunda mitad de los 70, estos tíos se fajaban contra la oligarquía continuista con mejores armas que las que usamos los creadores de ahora contra los hijos continuadores de aquellos oligarcas. Hijos que hoy, por escoger un día al azar, gobiernan continuistamente este país.

Por una parte estaban los cantores de aquella vergonzante Libertad sin ira, que decía absurdeces mojigatas como esta: "Pero yo he conocido gente muy obediente hasta en la cama". Era la forma pseudo progre de decir que en democracia se puede follar, pero hasta un límite. Y estaba gente como Moncho Alpuente, Wyoming y Reverendo, o Javier Krahe y Sabina, que se suicidaban de risa. La libertad del ser humano es asunto tan serio que solo se alcanzará con mucha risa.

Un fascista, un oligarca o un explotador pueden soportar un grito de la plebe, un berrinche del esclavizado, incluso una revolución con final negociado. Pero jamás soportará la risa. Porque la risa es la prueba de que algo está haciendo mal el capataz. Si el esclavo se ríe, es que no es suficientemente infeliz. Y eso es peligroso. Extremadamente peligroso.

La canción protesta era una cosa bastante seria, y muchas veces bella, que disfrutaban los oyentes ya predispuestos a protestar. Por tanto, tenía escasa capacidad de llamada a nuevas militancias protestatarias. Pero el humor. Ja. EEUU expulsó a Charles Chaplin del país de las libertades porque uno no puede reírse de la explotación obrera (Tiempos modernos) ni carcajearse (El gran dictador) de un Hitler que aun al principio de la II Guerra mantenía unas excelentes relaciones comerciales con los empresarios estadounidenses.

Lo del cine está bien. Pero, para empezar a subvertir, no hay nada como el humor (y el humo) de los bares. Por eso las autoridades in o competentes han convertido en imposibles las actuaciones en directo, a base de impuestos abusivos por permitir que una guitarra y una tía se suban a una mesa a cantar lo suyo, y han prohibido el tabaco para que los ambientes nicotineblinosos no nos inciten a la rebelión de bar, que es la perfecta.

Saca el güisqui Cheli, aquel hit de los 70 que celebraba la muerte de Franco sin que los franquistas se dieran cuenta, fue una inmensa prueba de que la pachanga puede convertir en fiesta la tristeza cuarentona (1936-1975) de un país. Hoy se echa de menos aquel cachondeo setentero y ochentero, aunque a algunos niños del rap los están llevando ante los tribunales por meterse con el rey y esas cosas. Pero son muy pocos. Estos herederos del Reverendo no son comprendidos como canción guasa y protesta. Porque les sobra protesta y les falta guasa. Qué nostalgia de risa, Reverendo, la que nos dejas por delante. Que te has llevado el casete, pa poder bailar, como en una discoteque.