Opinion · Rosas y espinas

Juicio de dos rombos

Pues bien que empezamos el juicio justo al procés. El juez Marchena ha rechazado la comparecencia del que fuera director de Policía y Guardia Civil el día de la rebelión sediciosa con urnas del nueve parabellum, que las carga el diablo. Se considera «impertinente» que Ignacio Cosidó declare en el Supremo cuando, además, este señor hacía público por whatsapp esta oda contemporánea a la separación de poderes: El pacto PP/PSOE de renovación del Poder Judicial dejaba a los populares «controlando la sala segunda desde detrás [la de lo Penal, única con atribuciones para enjuiciar a diputados, senadores y miembros del Gobierno] y presidiendo la sala 61 [la de ilegalizar partidos políticos]».

Marchena tampoco citará al teniente coronel Daniel Baena, firmante de los atestados de la Guardia Civil en los que se inspiran las acusaciones para hablar de rebelión y de otras lindezas guerracivilistas y a veces muy folclóricas. En sus ratos libres, Baena lanzaba en twitter proclamas de alto contenido testicular contra los mismos políticos a los que estaba investigando.

Lo cual que Marchena nos priva de la actuación estelar de estos dos evidentes artistas del respeto al barón de Montesquieu y a la imparcialidad judicial. España es el único país de su entorno capaz de ponerle dos rombos a un juicio para que, a la hora de lo pornográfico, los votantes y los lunnis nos vayamos la cama.

Todo este conflicto catalán no es que se nos haya ido de las manos. Es que lo hemos tirado a un pozo sin fondo y ya no hay cubo ni relator ni Bruce Willis que lo saque. Mientras Quim Torra es desmontado por enésima vez desde medios de comunicación de toda catadura ideológica (esta vez Alsina), un juez ni se molesta en argumentar dignamente por qué no se investiga la presunta vulneración de derechos de los acusados por parte de las cloacas del Estado.

Ya oímos a un ministro de Rajoy jactándose de que era capaz de «afinar con Fiscalía» imputaciones mendaces contra líderes independentistas y de Podemos. El beato Jorge Fernández Díaz hablaba así, y en secreto, con el jefe de la Oficina Antifraude catalana: «Es que el tema aquí es para hablar con el fiscal general y decirle: ‘Oye, mira, hay esto, ¿no?’. Me explico…».

Todo lo que hemos ido conociendo sobre la mafia policial y política durante el Gobierno de Rajoy induce a tanta equidistacia, que yo creo que sería más sensato ver a los acusados del procés juzgando a jueces, fiscales y el Estado en general. Lo que vengo a decir con estas torpes palabras es que me parece más delito lo de Cosidó y Fernández Díaz que la festiva kermesse de urnas del primero de octubre. Que el juicio nace deslegitimado porque las estructuras basales de nuestra democracia están deslegitimadas. Hay españoles juzgables y españoles injuzgables. Ese es el mensaje que a mí me deja esta nueva decisión de Marchena. Y se me quitan las ganas de hacer chistes, oh musas.