Opinion · Rosas y espinas

Los cosmogónicos agentes sociales

Pedro Sánchez acaba de ofrecer a la progresía española trescientas medidas para la gobernabilidad del país. Como ha tardado más de una glaciación, le han salido todas más que medidas y más de trescientas. Es lo que tiene la falta de prisa, en ocasiones muy confundida con la prudencia pero más veces cercana a la temeridad. En algunas carreteras incluso te multan por ir demasiado despacio.

El caso es que, después de deshojar muchos calendarios de ministras y ministros en bolas, Pedro Sánchez nos trae 370 propuestas progresistas colectadas de sus recientes entrevistas con agentes sociales. Descubrió este agosto Pedro Sánchez la existencia de los agentes sociales, y se lanzó a la carretera, otra vez a lomos de su peugeot 407, a conquistarlos para redactar el programa de un gobierno progresista, innovador, cool, minifaldero, beatle y chanante.

No fue fácil para Sánchez hallar a los agentes sociales. Por eso se llaman agentes. Y se ocultan. Es curiosa la capacidad de camuflaje de estos agentes. Antes de las elecciones de 2015 y 2016, el candidato Sánchez no dio con ellos. Se escondían azules bajo las setas pitufas de la democracia. Los buscaba él por las cunetas y los caminos sin capacidad de interlocución. Y se tuvo que presentar a las elecciones sin ese anillo de Mordor que solo poseen los agentes sociales. Y las perdió, claro.

A pesar de su denodado empeño, tampoco consiguió el elfo Sánchez localizar a los agentes sociales tras la moción de censura que lo hizo presidente. Los buscó entre los Marcas viejos de La Moncloa, por si Rajoy se había dejado alguno, y mandó destripar los parterres del jardín de palacio, pues ya se sabe de la inclinación enfermiza de los agentes sociales a mimetizarse en lo verde.

Finalmente, a principios de este agosto, una excéntrica señal de la cosmogonía política le indicó que los inquietantes y minúsculos agentes sociales, por fin, aceptaban ponerse en contacto con él. No era un momento fácil. Estaba agotado. Acababa de explicarle a Pablo Casado, Albert Rivera y Santi Abascal que no era viable la silla eléctrica en España: el sobrecoste en el recibo de la luz reventaría el tope de gasto, con el consiguiente cabreo de Merkel.

Sánchez, anheloso de un gobierno responsable ya, desoyó los latidos de la fatiga y arrancó otra vez su peugeot 407. El vehículo se elevó como por ensalmo hacia los conjuros lumínicos que desde el estrellar enviaban los agentes sociales, y perdiose en el firmamento.

Venteado por su audacia sin par, aterrizó Sánchez con su vehículo en plataforma interespacial de descripción difícil. Era un anillo saturnal, alrededor de un edifico que ejercía de planeta, y que habitaban seiscientas mil familias de la raza, escasamente antropomórfica, de los desahuciados.

–¿Entiende usted mi idioma? ¿Como se llama este planeta?

–Plataforma de afectados por la hipoteca –le respondieron al unísono seiscientas mil voces como seiscientas mil sortijas vacías.

–Ah, bueno –respondió nuestro héroe y tomó nota.

En su búsqueda de agentes sociales, la nave de Sánchez amerizó en un planeta verde y limpio donde los habitantes se vestían con algas podridas, trozos de plástico, medusas besadoras y otras guarrerías.

–¿Cómo se llama este planeta, oh, agentes sociales? –preguntó el candidato socialista con candidez de vencedor de unas primarias.

–Green Peace.

–Ay, qué bien. Me moría de ganas de mear, de cualquier color. ¿Por qué vais tan sucios?

–Porque nos dedicamos a limpiar el universo.

–Pues vaya imagen para limpiar –se rió el bueno de Sánchez.

–¿Y tú qué haces, tan limpio?

–Pues nada…

–Nada es mejor que algo, en algunos tiempos.

Habrá que explicarle esto de los agentes sociales a los de Podemos, y las 370 medidas sacadas del viaje interespacial de Sánchez. Los de Podemos nunca han visto a los agentes sociales brillar más allá de la puerta de Tannhäuser. Como han planeado Sánchez y el PSOE, es hora de morir.


PS: Prefiero un gobierno de derechas de Vox que un gobierno de derechas del PSOE. Queda dicho.