Rosas y espinas

Volverán los oscuros aguiluchos

Más que los sociólogos, a los españoles nos definen las estampas. Somos muy de hacer estampitas para explicarnos. Esta semana hemos visto varias. La primera, esa foto fija de la carcundia más ultramontana de nuestro ecosistema intelectual, farandulero y periodístico que se puso a gritar "Viva el rey" durante 14 minutos en uno de los ejercicios de cine friki más terroríficos de la historia de nuestro séptimo arte. Belén Esteban, Mariano Rajoy, Santiago Abascal, Arcadi Espada, Fran Rivera y hasta casi 200 personajes de parecido jaez fluyen por esta cinta de arte y ensayo que, si no fuera por lo repetitivo del guion, sin duda podría llegar a ser la sensación del año en nuestras pantallas. Según nos cuenta la historia, todos los monarcas tuvieron sus bufones de corte, pero Felipe VI ha alcanzado sin duda el clímax de la bufonería con este elenco. En eso sí que puede calificársele como un monarca ejemplar.

El 12 de octubre, día de la fiesta nacional, fue generoso en estampas. Por una parte, este periódico, junto a otra decena de cabeceras, publicó una encuesta sobre la monarquía que no pintó tan negro para los borbones como uno hubiera deseado. Aun así, este trabajo demoscópico fue mayoritariamente ignorado por los grandes periódicos, las grandes televisiones y las poderosas radios a pesar de su potente valor sociológico: la población encuestada superó incluso las 2.500 personas a las que suele sondear el CIS, y la empresa encargada, 40dB, es una de las más prestigiosas del sector. Sin embargo, la consulta se diluyó bajo un manto de silencio.

Nuestros grandes medios solo desean escuchar a los españoles que vociferan vivas al rey. Cualquier otra opción de debate está condenada de antemano. Lo que extraña es que ningún partido haya pedido al gobierno el desembarco de un Piolín en la sede de esta empresa demoscópica. Preguntar por ciertas cosas en esta España que solo tolera respuestas, y siempre las mismas viejas respuestas, puede conllevar serias consecuencias mamporreras y legales.

El mismo y glorioso día de la Hispanidad (sic) en que apareció esta encuesta fantasma, nuestros ultras más conspicuos y acendrados se echaron a la calle a celebrar el imperio en el que nunca se ponía el sol. En numerosas ciudades de España, los manifestantes mezclaron en un mismo saco los vivas al rey, las interpretaciones exaltadas del viejo Cara al sol, la vindicación de don Pelayo y la ostentación impúdica de cruces gamadas y otros símbolos fascistas y nazis. Como si todos estos aditamentos significaran la misma cosa, la misma gente. Y es que, a lo peor, es así. Y es algo que subyace a la encuesta clandestina antes citada: resulta que los más nazis y fascistas de los españoles, los de Vox, son los que más entusiasmo expresan en defensa del borbonismo. Son el gran baluarte de Felipe VI.

Esto de que los nazis sean tan monárquicos es otra de esas rarezas folclóricas de la España nuestra. En la boda de Letizia, la policía se dedicó a requisar banderas republicanas por las calles de Madrid. En la última visita de Felipe VI a Barcelona, los mossos entraron en pisos particulares para retirar de los balcones cualquier símbolo republicano. Sin embargo, ningún uniformado se alarma cuando un simpático skin sale a ondear su cruz gamada en un parque infantil o en una avenida de la constitución.

Al bloque constitucionalista monárquico (si es que existe algo así) no le importa consolidar su fuerza con estos ejércitos franquistas y hitlerianos cada vez más desinhibidos. Queda en el margen el ya totalmente descafeinado republicanismo del PSOE, incapaz de releerse su acta fundacional desde hace 45 años. En resumen, españolito que mueres: volverán los oscuros aguiluchos / en tu balcón sus nidos a colgar. Y ándate con ojo, no te vayan a acabar colgando a ti de tu balcón.