Rosas y espinas

PP, Vox y los basureros obsolescentes

En un reciente tuit, se lamenta la asociación de consumidores Facua de que Partido Popular y Vox hayan defendido en el Parlamento Europeo la obsolescencia programada, o sea, que nuestras derechitas valientes y cobardes aplauden que las grandes empresas tecnológicas nos vendan unas teles, unos ordenadores y unos teléfonos programados para suicidarse al cabo de pocos años. Como a los replicantes de Blade Runner o a los mensajes de Misión Imposible, a nuestros electrodomésticos modernos les incluyen un error de fabricación voluntario que provoca que se autodestruyan de forma inapelable por mucho que los cuidemos, los mimemos y los admiremos por habernos dejado ver los rayos gamma brillar más allá de la Puerta de Tannhäuser (es hora de morir).

El neocapitalismo es tan mórbido que nunca busca la inmortalidad de su obra, sino todo lo contrario. Y así nos obliga, cada cierto tiempo, a consumir por consumir, impidiéndonos, en realidad, ser dueños de lo que compramos, de lo que es nuestro según el propio código capitalista. El derecho a la propiedad privada no es tan universal como parece.

Al margen de consideraciones pecuniarias, convendría señalar que esta práctica es, ante todo, un flagrante delito ecológico, pues esas teles, tablets y pecés se convierten por decisión mercantilista en basura medioambiental de difícil digestión para nuestro bulímico planeta, cada vez más convencido de que solo se salvará si él, a su vez, programa la obsolescencia de esa máquina de matar y ensuciar llamada ser humano.

La práctica no es reciente. Ya en los años veinte del siglo pasado, los fabricantes de bombillas lograron la hazaña científica de conseguir que sus filamentos duraran más de 2.000 horas. En lugar de congratularse de ese gran logro para la humanidad, lo que hicieron estas lumbreras del capitalismo fue trabajar duramente hasta conseguir que la vida útil de sus productos se redujera a cien horas. Era más rentable. El capitalismo, como la religión, enseguida se dio cuenta de que su gran enemigo eran la ciencia, la sabiduría, el progreso, el confort, la cultura (sí, las bombillas son cultura: prueba a leer o escribir o investigar sin luz).

El pasado año, se publicó un informe de la Oficina Europea de Medioambiente (European Environmental Bureau) que nos venía a decir que España vomita cada año cerca de un millón de toneladas de basura electrónica. En el conjunto de Europa, se estima que unos 12 millones. Echando cuentas, me parece que en esta competición somo líderes del continente: a por ellos, oé. Poned, orgullosos, una gran banderita española en el balcón.

Todo esto es lo que PP y Vox consideran defendible políticamente. Después mis trolls me dicen que me paso tres pueblos cuando aseguro que la derecha, por principios, siempre ha sido un movimiento sexy de inspiración criminal.

A lo largo de su historia, el ser humano ha ideado muy ingeniosas y rebuscadas formas de aniquilar a otros seres humanos y animles, no siempre con la loable intención de comérselos. Pero, sin duda, más incluso que las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la más eficaz forma de exterminio es la de asesinar a este pobre planeta, que ha tenido la mala y redonda fortuna de acomodarse para albergar vida más o menos inteligente (más menos que más). Al final, el capitalismo nos aniquilará a todos, incluso a los capitalistas.

Uno comprende que la obsolescencia intelectual de PP y Vox defiendan, en general, todas las obsolescencias. Es la naturaleza del escorpión que se ahoga cuando no puede evitar envenenar a la rana que lo está salvando de la crecida del río.

Para sacaros de esta tristeza, terminar diciendo que el Parlamento europeo votó en contra del capitalismo autofagocitador de PP y Vox. Lo último que se perdió fue la esperanza. Y una lavadora rota en el fondo del mar de un planeta vacío.