Rosas y espinas

Villacís y su niño

La vicealcaldesa Begoña Villacis durante el pleno del Ayuntamiento, este martes. EFE/ Juan Carlos Hidalgo

Lo poco que queda de Ciudadanos anda muy atribulado porque un concejal madrileño de Vox, Fernando Martínez Vidal, ha sacado una foto de la vicealcaldesa Begoña Villacís con su bebé, en tuiter, dentro de la campaña de los ultrafachas en contra del aborto legal. Concretamente, a los cruzados de Santi Abascal les ha enfadado que C´s apoye la iniciativa de Más Madrid para retirar las subvenciones a las asociaciones de piradas y pirados que se pasan la vida a las puertas de las clínicas increpando a mujeres que van a interrumpir sus embarazos.

Lo poco que queda de Ciudadanos es la hipocresía. Ellos, tan modernuquis, han asumido la normalidad de ver a los ultrafachas condicionando sus gobiernos de coalición con el PP, y, sin embargo, se apesadumbran y azoran cada vez que sus socios fascistas hacen lo único que saben hacer, o sea, fascistadas. Como esta de sacar una foto de 2019 de Villacís con su bebé para restregarle el aborto allá donde el ombligo pierde su nombre.

En estos días en que el Parlamento alemán dirime quién será el canciller tras Angela Merkel, a nadie se le ocurre que Alternativa por Alemania, el Vox germano, pueda entrar en ninguna ecuación de alianzas. Y eso que el partido Demócrata Cristiano, la CDU, podría gobernar plácidamente con el apoyo de liberales y nazis.

Pero nosotros somos el único país europeo en el que los nazis ganaron la Guerra Mundial, y eso nos confiere un pedigrí político mucho más abierto en estas cuestiones.

No significa esto que, cada vez más, en la derecha cristiana alemana haya quien ve con malos ojos ese cordón sanitario. También allí existe una corriente dispuesta a digerir la presencia del fascismo en las instituciones. Sucedió tras algunas elecciones en los länders. Los candidatos de CDU que dialogaron con los fascistas fueron reprobados por la dirección del partido. Igualito que aquí.

Ciudadanos ha desaparecido a medida que crecía Vox, y yo creo que algunos de los pocos que quedan en la formación naranja se van dando cuenta de esta verdad inexorable. C´s nació como un producto de marketing político al que le echaron muchos colorantes pero pocos conservantes para recivilizar a nuestra derecha, emputecida por la corrupción sistémica del PP. El resultado es que Vox, en los últimos comicios, sacó más del doble de votos que los pobres naranjeros (3,6 millones de votos frente a 1,6).

Ahora le toca el turno al PP. De sobrevivir al fascismo, me refiero. Una vez desaparecido Ciudadanos, los populares van a necesitar sí o sí la participación de los fascistas para formar gobiernos en ayuntamientos, comunidades autónomas y, si se da el caso, en la nación. Son su única alianza natural. Y el PP no tiene tantos pudores como la CDU a la hora de arrimar la nariz a las hediondeces fascistas. Las encuestas, tan volátiles, nos dan hoy la idea de una España en la que pueden ser ministros Santiago Abascal, Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros, que es un tío muy agradecido por los columnistas porque nos pagan por palabra.

Ciudadanos es el gran ejemplo de que no los sueños de la razón producen monstruos, sino más bien los sueños de los banqueros. Y Villacís, al parecer, se va dando cuenta ahora de que forma parte de la pesadilla.

El problema que yo veo, en mi modesta ignorancia, es que los españoles no queremos enterarnos de que el neofascismo no es un problema político que se queda en los parlamentos y en los despachos, sino que se extiende por las calles como la lava de un volcán. Despacio y arrasando con su odio. Incluso con el odio hacia aquellos que los encumbraron, cual Villacís. El niño, por cierto, es monísimo, Bego.