Rosas y espinas

Las 'autonosuyas' del PP

Pablo Casado durante su intervención en la Plaza de Toros de Valencia donde el PP cierra su convención nacional.- EFE/ Manuel Bruque

Ahora resulta que la ocurrencia de Pablo Casado para gobernar España es recentralizarla, acabar con las autonomías, traérselo todo al Palacio del Pardo, donde la lucecilla del despacho sigue insomne todas las noches. Es lo que se destila de esa convención itinerante del PP que se acaba de celebrar, su mensaje político más contundente por único.

Desde la aparición de Vox, hay una lucha en la derecha española por captar el voto medieval. Lo de Santiago Abascal con yelmo y adarga, o lo de José María Aznar disfrazado en los 90 de Mío Cid, no eran atrezzo, sino vocación. Y nuestros jueces, que ya van disfrazados per se, están tan de acuerdo con esta medievalización que acatan la Inquisición de nuestros Abogados Cristianos, esos pirados que van sembrando por los juzgados de España sus torquemadeces contra chochos insumisos, periodistas jacarandosos y obstetricistas, o como se diga, en general.

El PP vuelve a sus orígenes, a la Alianza Popular del franquista Manuel Fraga, que se opuso ferozmente al autonomismo hasta que no le quedó más remedio que hacerse presidente de una autonomía para seguir subido a un coche oficial.

En la parte cultural, el cronista oficial de la fachería de los 70/80, Fernando Vizcaíno Casas, publicaba Las autonosuyas, que ya os podéis imaginar por el título de qué va. Se hizo hasta película, y fieles a nuestro escaso sentido del ridículo, los habitantes de aquella pintoresca España de 1983 nos enzarzamos en campal batalla ideológica a cuenta del filme, hasta el punto de que hubo boicots a su proyección en Catalunya y Euskadi. Es asombroso observar cuánto hemos evolucionado desde entones.

A mí esto de la medievalización de la derecha española me parece bien, porque me hace joven. Es en una de las pocas cosas en las que estoy de acuerdo con Isabel Díaz Ayuso, aunque por diferentes causas: ella aspira a ser Reina de Castilla. No ha mucho se fue con La Pinta, La Niña La Santa María a descubrir EEUU, y volvió con muchas fotos.

Los más sesudos politólogos de la tele no hablan mucho de Teruel Existe desde que dejó de ser pintoresco y autonosúyico. Pero algunos maliciamos que el fenómeno de los Existe en las provincias abandonadas, los partidos existencialistas (por ponerles ridícula etiqueta), se van a convertir en las próximas elecciones generales en importante actor político. Será hermosa de ver esa escenificación cotidiana del Pedro Páramo en el Congreso.

Esto va a suceder por la inutilidad de nuestro Senado. Esta cámara inútil nació precisamente como balanza equilibradora, buscadora de consensos entre territorios. Nunca pasó de ser una isla de los famosos sin audiencia, un dormitante club de políticos jubilados.

Ahora que los provincianos van a asaltar el Congreso, va Pablo Casado y dice que hay que rebajar competencias a las autonomías. Tanto se preocupan Casado y los suyos en ser medievales, que no observan la inexorabilidad del presente.

Yolanda Díaz, por ejemplo, ya se está oliendo la tostada con esa bella nariz política tan suya, y piensa en plataformas transversales que tengan muy en cuenta este inminente provincialismo político que va a arrasar España. Pero no creo que le salga bien. Se van a levantar los muertos de nuestras cunetas administrativas, los habitantes de las Comalas españolas quieren representatividad en el Congreso, y eso no va a haber sigla ni plataforma que lo seduzca.

El mundo se descentraliza y nosotros nos enamoramos, le dice Casado a sus electores. El PP se está convirtiendo en un Madrid contra España. En Catalunya y Euskadi ya son insignificantes. Da la impresión de que el PP se devora a sí mismo. Ni siquiera Alberto Núñez Feijóo, el mirlo blanco del narcoyate, se ha pronunciado contra esta nueva idea de recentralización. El PP, tan en contra de la eutanasia, se la está aplicando a sí mismo. Quiere desaparecer bajo el manto ideológico de Vox. Al final Vox no va a ser una excrecencia del PP, como pensábamos los listos. El PP era solo el papel higiénico de la excrecencia.