Rosas y espinas

Las musas son tías, y punto

Ana García Obregón posando en el photocall durante la presentación de la programación de navideña de RTVE: ‘La Navidad que quieres’, a 14 de diciembre de 2021, en Madrid (España).- EUROPA PRESS

La musalogía es la ciencia que estudia el sexo y la inteligencia de las musas. Es una ciencia estúpida, porque desde la antigua Grecia sabemos que las musas son tías (nueve en concreto, hijas de Mnemósine la memoriosa y de Zeus) y que son más inteligentes que aquellos a quienes inspiran (que, hasta hace nada, solían ser solo tíos). Las musas de la antigüedad susurraban a los artistas y a las artistas, pero solo a ellos se les concedió el privilegio del prestigio, asunto en el que las feminazis de las musas nada tuvieron que ver. Fue la sociedad patriarcal, la nazimacho.

Porque, aunque muchas poetas y muchos jefes de opinión no lo sepan, de musa viene la palabra museo, y a pesar de eso las musas acabaron convirtiéndose en las feminazis de la iglesia católica en cuanto el cristianismo impuso su inquisitorial ignorancia. Entre el siglo IV y el XIV, te podían condenar a muerte por decir que te había inspirado una musa. Si tenías suerte, en vez de matarte solo te mandaban al destierro. Solamente por creer en las musas. Me recuerda al affaire del alcalde Martínez Almeida con Almudena Grandes, cuando intentó sin éxito impedir que la escritora fuera nombrada hija predilecta de la ciudad. No persiguen solo a mujeres, sino también a mujeres imaginarias y muertas. Desde hace casi veinte siglos.

Una vez dejado claro, con mis bastos conocimientos históricos, que las musas son tías, procederé a centrarme en el objetivo de analizar a uno o dos de los referentes culturales más egregios de la derecha española. Empezaré por Ana Obregón, que es como un Valle-Inclán sobradamente posmoderno.

Como sabréis, estos días ha sido muy divulgada una foto de Pedro Sánchez, brazos cruzados y pose de empotrador guaperas, ante las cenizas de un incendio. De esos que están arrasando España. Presuntamente. No vayamos a ofender a los negacionistas. Pobrecitos.

La foto era un montaje. Una descontextualización intencionada.

Y ahí es donde entra la musa del PP. Ana Obregón suelta esto: "Sin duda Sánchez me ha robado el posado del verano. Buena postura, ojos entreabiertos, brazos cruzados (al estilista se le pasó el bulto raro del bolsillo). Buena foto posando ante un país que está dejando en cenizas". Ana Obregón tiene casi un millón de seguidores en Instagram. Casi tres veces la audiencia del programa de Ferreras.

Es cierto que la derecha nunca ha tenido muchos escrúpulos a la hora de elegir sus referentes culturales. En la transición fue Fernando Vizcaíno Casas, un escritor de gracietas fascistas que se vendía mucho. En casa de mi madre aun quedan novelas suyas que no tiramos porque huelen mucho a alcanfor y alejan las polillas.

Ahora como gran intelectual de la derecha tienen a Mario Vargas Llosa, que si le dejas gobernar prohibiría los libros que escribió de joven. No es políticamente muy correcto, después de haber combatido y apoyado más tarde a los Fujimori. El arte de la contradicción tiene sus límites.

Pero a mí siempre me quedará, como musa derechista helena, mi Ana Obregón. Es el no sé qué de la derecha. La falta de ideas como principio epistemológico tampoco se debe despreciar. Lo dicen las encuestas.