Rosas y espinas

'El Buscón' o Pedro Sánchez

MADRID, 13/07/2022.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), y el secretario de Estado de Comunicación, Francesc Vallès (d), durante la segunda jornada del debate sobre el Estado de la Nación este miércoles en el Congreso. EFE/ Mariscal
MADRID, 13/07/2022.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), y el secretario de Estado de Comunicación, Francesc Vallès (d), durante la segunda jornada del debate sobre el Estado de la Nación este miércoles en el Congreso. EFE/ Mariscal

Es Pedro Sánchez un ser bastante inescrutable. Como un brebaje de enigma y misterio servido en una taza con asa en forma de interrogación. Capaz un día de traer el Aquarius a territorio español con seiscientos exiliados (dejemos de llamarles migrantes ya), y al siguiente condenar al esclavismo eterno a nuestro pueblo saharahui entregándoselo al sátrapa marroquí. Por no hablar de la valla de Melilla y de las tres balas de Gabriel Rufián en el Congreso.

También votó a favor de aquella reforma nefanda del artículo 135 de la Constitución que nos obligó a donar todas nuestras pobrezas a la riqueza de los bancos, para ahora dar una de las más hermosas hostias socialdemócratas que la democracia española ha vivido, gravando sin piedad (bueno, quizás exagero) los inverecundos beneficios de nuestros bancos y eléctricas.

En 2016, Sánchez ya nos demostró su capacidad de funambulismo houdinista negociando un posible gobierno con Ciudadanos, por una parte, y con Podemos por otra, aunque aquella mezcla de agua obrera y aceite capitalista no le saliera del todo bien. Era como intentar hacer sociedad con Rockefeller y Karl Marx sin que ninguno de los dos se diera cuenta de que les estaban trilando.

También afirmó aquello de que no podría dormir con Podemos en su gobierno, cuando ninguno de los ministrables morados le había pedido acostarse con él, por guapo que sea. Y ahora que tiene ministros de Podemos en el consejo no se le ven ojeras de insomne, sino todo lo contrario.

Tiene Pedro Sánchez algo de don Pablos, el pícaro buscón de Quevedo, con estos vaivenes y pendulaciones (quizá de pendón) políticos que nunca sabemos a dónde llevan. Gobernar con él debe ser como creer en la fidelidad marital de Casanova o buscar con el telescopio constelaciones de estrellas fugaces.

Parece ser que sus socios de gobierno e investidura aguantan sus veleidades. Aunque las encuestas nos dicen que los votantes se van poco a poco cansando de ellas. El obrero de derechas anhela que le esquilmen los suyos a cambio de una banderita muñequera. Pero la base de la izquierda, esa puta base, que se decía, ese movimiento obrero hoy tan quietista, no acepta ya ni que le vacilen los suyos. Y se ha vuelto abstencionista por falta de fe. Son ateos con resignación cristiana, que es lo peor que se puede ser en la era de las siete plagas neoliberales.

No se observe esto como descalificación a la totalidad de la gestión de nuestro presi. Ni mucho menos. Sobre todo adivinando lo que puede ver Alicia a través del espejo de la alternativa. Si gobiernan el PP y Vox, en vez de cortarnos la luz cuando no pagamos, seguro que le dan derecho a las iberdrolas a electrocutarnos directamente. Y que la factura de la electrocución la paguen nuestros herederos. Que electrocutar tiene que estar carísimo.

Pero, echando cuentas, la banca va a pagar 3.000 millones en dos años cuando, en la última década, le donamos 60.000 millones con el inicuo rescate. Sin incluir exenciones presupuestarias, regalos de cajas de ahorros por un euro y otras maquinerías financieras que no estoy capacitado para detallar (de eso sabe Carlos Sánchez Mato, por ejemplo).

Por no hablar de las eléctricas, que solo van a soltar 4.000 kilos en el próximo bienio, que es lo que seguramente yo les voy a pagar por tener ahora encendido el aire acondicionado.

No sé yo si estos impuestitos le van a llegar al buscón don Pablos Sánchez para renovar una mayoría posible el año que viene. Que el dios voltio y la diosa comisión le cojan confesado.