Rosas y espinas

La campaña interminable

Hemiciclo vacío del Congreso de los Diputados visto desde la tribuna de oradores. E.P./Ricardo Rubio
Hemiciclo vacío del Congreso de los Diputados visto desde la tribuna de oradores. E.P./Ricardo Rubio

Acecha septiembre y, con él, se nos viene otra interminable campaña electoral que no nos abandonará hasta las generales de finales del 23. Me asusta septiembre. El primero de ese mes Adolf Hitler entró en Polonia para inaugurar la II Guerra Mundial. Que no se entere Isabel Díaz Ayuso, a quien le ha sido demasiado fácil invadir a Alberto Núñez-Fakejóo sin mover ni una pestaña postiza. Ha convertido en dos días al presunto moderado en un simple noderado, que justifica cotidianamente su sueldo con el simple gesto de decir a todo que no.

Mucho se quejan los peperos de la ley del no es no cuando el no es su única ley. No a la subida del salario mínimo, no al impuesto a las grandes fortunas, no al Falcon, no a la renovación del CGPJ, no a la salvadora excepción ibérica que nos ha traído la luz más barata de Europa, no a la revalorización de las pensiones, no al confinamiento, no a las restricciones energéticas que él mismo había demandado y que exige el PP europeo, no al control del fraude de las eléctricas, y hasta no a su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado, a quien conoció cuando era el segundo espada de la consellería gallega de Sanidade, la que tiene que ocuparse de las adicciones. Fakejóo es el Bartleby de la política, aquel oficinista de Melville que respondía a todos los encargos de sus jefes con un desganado "preferiría no hacerlo".

La oposición sin ideas de Génova encuentra su mejor metáfora en el Zendal de IDA Ayuso, un hospital donde no hay ningún paciente y que sigue pagando tres millones de euros a una empresa privada y amiga por unas comidas que no se come nadie. Que lo conviertan en un comedor becado para niños con ingresos superiores a 100.000 euros, que son los que más lo necesitan.

Escucho a mis colegas quejarse de que los españoles son cada vez más reacios a informarse porque lo que ven, oyen y leen les deprime. Y tienen razón. PP y Vox han sustituido la información y el debate por el simple ruido. Y el ruido es la mejor manera de censura, pues entre tanto alboroto se hace imposible discernir la verdad.

Según todos los augures, nos quedan 16 intensos meses de campaña electoral ininterrumpida, lo que me hace prever que los españoles nos seguiremos deprimiendo todavía más y acudiendo menos a los informativos. Tiene su lado bueno. La mayor parte de nuestra iletrada población se entera por las televisiones comerciales, las cloacas mediáticas, y me alboroza observar cómo, por ejemplo, Al Rojo Vivo de Ferreras se desploma en audiencia. Si Ferreras no fuera su propio jefe, ya se habría despedido. Los manipuladores ahuyentan tanto al público que cualquier día se quedan sin nadie a quien manipular.

Mientras, Pedro Sánchez planifica estos 16 meses de estruendo consolidando su imagen de estadista internacional. No hay que olvidar que a mediados de 2023 asumirá la presidencia europea. Me parecería bien si Sánchez se preocupara de las cosas del vestir y dejara a Yolanda Díaz las cosas del comer, la política de terruño, pueblo y obrero. Pero Sánchez no está por la labor. Como no lo estuvo cuando Pablo Iglesias. Planea gastarse 10.000 euros en aviones de combate F-35 norteamericanos mientras la pobreza infantil en España alcanza al 27,4% de los niños (datos de su propio ministerio). En la política, como en la ruleta, no se puede apostar simultáneamente a rojo y a negro, a Joe Biden (comprándole aviones de matar) y a Gustavo Petro (pacifista con quien se reúne estos días en Colombia).

Ruido y confusión a derechas e izquierdas, hacia fuera y hacia dentro. Y esto va a ir a más en los próximos 16 meses. Ay, silenciosa Verdad, llévame pronto.