Rosas y espinas

Furia y fobia de España

Aficionados españoles en el partido entre las selecciones de España y de Alemania en el Mundial de Fútbol Qatar 2022, en el estadio Al Bait en Al Khor (Catar). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
Aficionados españoles en el partido entre las selecciones de España y de Alemania en el Mundial de Fútbol Qatar 2022, en el estadio Al Bait en Al Khor (Catar). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Vivimos en estos días importantísimas confrontaciones políticas y futbolísticas que nos están retratando muy bien a los españoles, siempre racialmente divididos. En el mundial catarí de la vergüenza, donde celebramos muchos más muertos esclavos que goles millonarios, advierten los más sabios periodistas deportivos (los leo, lo juro) que media España está deseando que la Selección caiga en el ridículo más espantoso y que ahorquemos entre todos a Luis Enrique con los jirones de una estelada.

El anticatalanismo está tan arraigado que se ceba en un asturiano que pasaba por allí, pero que fue jugador y exitosísimo entrenador del Fútbol Club Barcelona. Y que, además, se lleva a un gran elenco de futbolistas catalanes que cualquier día se ponen a colocar urnas en los estadios de la sangrienta Doha. Hubo incluso un periodista (sic) que utilizó la memoria de la niña fallecida del seleccionador para azuzar la cacería. El periodista se llama Emilio Pérez de Rozas, y llegó a decir en la COPE (los defensores de la vida) que la muerte de Xana (cáncer a los nueve años) es "opinable". Son pura sarna con gusto que pica a la convivencia. La COPE, por supuesto, no ha echado a este opinador.

No hace nada, otro comentarista de la ultraderecha nos señaló que la esposa de Pedro Sánchez es un hombre y narcotraficante. En el programa Los Intocables (Distrito TV) Pilar Baselga, fundadora de Hazte Oír, fundación apoyada económicamente por el PP y germen de Vox, la llamaba incluso Begoño.

Ahora hemos asistido al ridículo de Pablo Motos sintiéndose insultado (sin que lo nombren, ni sugieran ni nada) por la última campaña contra la violencia de género del Ministerio de Igualdad. Motos, en su obvia cortedad (interprétese como se quiera), aseguró que Irene Montero había sufragado un anuncio de un millón de euros contra las violencias machistas, cuando ese dinero es todo el presupuesto del ministerio para publicidad.

Con programas mentidores, furiosos y fóbicos como el de Pablo Motos, Susanna Griso, AR, los sucesivos gatos y etcétera, he entendido por fin el significado del término teletransportarse: dícese de encender la tele y transportarse a la edad feudal. La tele, la radio y la prensa fachas son el máximo representante del escarnio y maldicer contemporáneo, que, al contrario que el antiguo, desprecia la agudeza y el vocabulario.

Cuando yo era joven, los españoles futboleros siempre se jactaban de la furia española. Nadie pedía a la selección limpieza, deportividad, talento, inteligencia, estrategia, sino solo furia. Y siempre perdíamos. Hoy esa furia se ha trasladado a los medios de comunicación, donde incluso muy buenos periodistas de la supuesta izquierda se atreven a decir que Ione Belarra e Irene Montero están teledirigidas por un macho alfa. Eso no es una opinión. Y menos una información. Y la opinión, además, debe de estar basada en informaciones: si te atreves a decir desde un periódico decente (y se dice mucho) que Belarra y Montero son las conejitas de Playboy de quien sea, por lo menos enseña una foto o un wasap. Lo demás es furia y fobia. Jamás periodismo ni opinión.

Desde hace años, muchos periodistas gallegos y yo recibimos información sobre la homosexualidad de uno de los más representativos líderes de nuestra derecha. Algunos incluso adjuntaban fotos del personaje abrazado a un amigo en actitud muy cariñosa (todos tenemos fotos con amigos y amigas abrazados en actitud muy cariñosa). Ningún medio de izquierdas usó jamás esa información (o rumor) por dos razones: la primera, porque la libertad íntima es un bien privado que debemos preservar a pesar de la exposición pública de los sujetos de nuestra información; la segunda, porque no tiene ningún interés salvo para los espectadores de Pablo Motos y engendros semejantes. Pero que, tristemente, conforman al parecer la mayor parte de la audiencia, de la opinión pública y del voto. La derecha sí está usando esas intimidades, incluso falsas. Que sus furias y sus fobias lleguen a Xana y a Begoña empieza a sobrepasar indeseables límites.