Rosas y espinas

Rajoy se queda sin Mundial

Mariano Rajoy viendo un partido de Roland Garros

Una de las consecuencias más graves de la eliminación de España del Mundial de la Vergüenza no es deportiva, sino literaria: Mariano Rajoy dejará de escribir sus columnas sobre los partidos en El Debate, periódico de la Asociación Católica de Propagandistas, como no podía ser de otra manera. Los textos del ex presidente llevaron al foco mediático internacional a este pequeño y hasta ahora poco conocido periódico, donde dormitan las prosas de ilustres dinosaurios cual Gabriel Albiac y Alfonso Ussía. Woodward y Bernstein no leían otra cosa desde que Mariano cogió la pluma y nos desveló los más íntimos secretos de la lengua cervantina: "Yo no voy a reprochar nada a nadie porque no es mi papel ni me parece procedente hacerlo. Además, estoy seguro de que habrá una legión de voluntarios para hacerlo. Por mi parte, simplemente señalar que ha sido una pena", reflexionaba con simpar agudeza y no menos florido verbo el hombre que rigió los destinos de esta España en eterna zozobra (no solo futbolística).

Cuando uno lee los textos de Rajoy, que supongo que pronto se editarán en libro tapa dura, se queda con la pregunta no de cómo este señor ágrafo consiguió sacar las oposiciones de registrador de la propiedad, sino de cómo logró superar la enseñanza general básica sin desdoro. Y encuentra la respuesta en un escrito de Eme Punto, de hace muchísimos años, en El Faro de Vigo. Era 1984 y Rajoy ya era presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra, y estaba muy contrariado porque una nueva ley felipista pretendía hacer que los españoles fuéramos un poco más iguales: "La aprobación por nuestras Cortes Generales de algunas leyes como la última de la Función Pública constituye un claro ejemplo de igualdad impuesta, pues pretende equiparar a quien por capacidad, trabajo y méritos son claramente desiguales y sólo va a servir para satisfacer ese gran mal que constituye la envidia igualitaria".

Ítem más: "La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Qué sentido tienen pues, las nacionalizaciones? Principalmente el de desposeer -vid. Rumasa-, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria". Como se observa, el ilustre gallego defendía las tropelías del descuidero José María Ruiz Mateos sin cortarse. El artículo se titulaba La envidia igualitaria, y su tesis clasista se resumía en esta sentencia: "La igualdad implica siempre despotismo y la desigualdad es el fruto de la libertad". Si lo escucha Isabel Díaz Ayuso, ya tenemos lema para su próxima campaña.

Se conoce que ahora, que es jarrón chino de Estado, Rajoy no considera conveniente desvelar sus pensamientos más íntimos en los periódicos, y se dedica a escribir de fútbol con la llaneza de un prado, para que lo entendamos todos. Las Musas de Rajoy son tan descuidadas con las letras como la Cospe con los audios.

Se queda uno asombrado de que nadie, en el entorno de Rajoy, le haya dicho que se ha convertido en el hazmerreír de buena parte del público lector, que se desmelena en las redes desnudando las indigencias intelectuales y líricas de nuestro excelso gurteliano. Pero es que nuestra derecha ya ha superado hace años cualquier límite del ridículo. La alcaldesa de Marbella no se corta al explicarnos que ahorró 12 millones de euros con su sueldo de médico de familia. Así que Rajoy puede jartarse a escribir que "Alemania es Alemania" y otras perogrulladas semejantes, que su fiel público lo seguirá considerando un político como dios manda. Solo falta que nos confiesen que ha cobrado sus colaboraciones en negro para seguir fiel a la tradición nacional-católica que tanto ha defendido siempre: la de la desigualdad; la del desprecio a la cultura (escribir tan mal es despreciarla); la de la arrogancia del ignorante poderoso.