Opinion · Palabra de artivista

Liliana Felipe, sublime bollogenia

Es triste que los jóvenes (y no tan jóvenes) gays, lesbianas y trans dediquen su entusiasmo a productos aprovechados como Lady GaGa, Madonna, Britney o Rihanna, gente que no ha hecho nada por la comunidad gay más que ganar dinero, apoyos y visibilidad, y desconozcan a verdaderos iconos de la lucha, no sólo LGTB sino feminista de izquierdas, como Liliana Felipe.

Hablar de Liliana Felipe es hablar del verdadero activismo, ese que en Europa desapareció hace décadas, devorado por el entretenimiento, el academicismo universitario, la maquinaria propagandística, las fórmulas y los privilegios capitalistas. Por supuesto, es ante todo hablar de una verdadera artista: pianista, compositora, intérprete singular y original como ella sola, jamás ha intentado encajar en estructuras o nichos prefabricados, a diferencia de supuestas revolucionarias que se acomodaron en el elitista mundo académico para vivir una vida de privilegios y adulaciones repitiendo una y otra vez las fórmulas establecidas. Liliana Felipe ha creado, junto a su esposa, la actriz Jesusa Rodríguez, un rico y originalísimo universo de canciones, espectáculos y espacios autogestionados, que revivieron la escena cultural mexicana y latinoamericana hasta saltar a la primera fila del activismo. Aunque siempre han permanecido en lo alternativo, creando desde su base de Coyoacan ese ejemplo de coherencia e integridad artística y política que a tantas nos ilumina.

Liliana es abiertamente lesbiana, bollera diria yo, feminista y anticapitalista. Su historia empieza en Argentina, donde nació y de donde tuvo que huir después de que Videla (ese amigo del Papa Francisco que ahora nos quieren vender que ni se conocían) asesinase a su hermana Ester. En un artículo reciente, nos cuentan la historia:

Ester, fue secuestrada de la casa de sus padres horas más tarde que su marido, el camarógrafo de los SRT, Luis Mónaco, que fue capturado del domicilio que compartían en la ciudad de Villa María, el 11 de enero de 1978. Ambos eran militantes del Ejercito Revolucionario de Pueblo (ERP), que para ese entonces ya prácticamente, había quedado desmantelada. El matrimonio fue trasladado inmediatamente a La Perla, donde fueron torturados y tuvieron el mismo trágico final, que la cantante reconstruye ante los autores del libro La Perla a través del relato de una sobreviviente que le cuenta: “Sí, a tu hermana y a su esposo los mataron en La Perla, una semana después del secuestro. Ella estaba muy mal de salud, estaba muy débil. Dormían juntos en una colchoneta y tenían una foto de su bebé (Paula)”.

Liliana escogió México para escapar al terror y allí conoció a su amor, la actriz Jesusa Rodríguez, una actriz, directora y feminista reconocida. Juntas, Jesusa y Liliana fueron uno de los cuatro primeros matrimonios homosexuales en México y las voces más preclaras del acrtivismo mexicano. Se afincaron en Coyoacán (el barrio de Frida Kahlo, no es casual) y empezaron a retratar un nuevo mundo.

Con su esposa lleva años creando espectáculos brillantes, duros, con un humor surrealista y descarado, que acabaron por recibir el OBIE Award del periodico neoyorquino Village Voice o ser emitidos por la cadena estadounidense  HBO (la misma que emitía ese panfleto machista-consumista de Sexo en Nueva York), como este “Cabaret incómodo” en el que brilla el mensaje feminista y anticapitalista o antipatriarcal con una fuerza inusitada:

http://youtu.be/hDO3rnhpKfI

La grandeza de Liliana es difícil de calibrar. Desde ácidas composiciones como esta en las que retrata a la perfección la hipocresía católica —y a la mayoría de contertulias cristofascistas de nuestra TDT— y que afirma: “Soy una desgraciada, ratera, hija de mil putas, histérica, traidora y mentirosa. Soy una comemierda, piojosa, mustia y amargada… pero voy a misa”.

O hilarantes canciones que nos habla de la masturbación reflexionando que “Si diosito hubiese querido que no me masturbase o masturbara, me habría puesto el sexos más abajo… o las manos más arriba”:

Por no mencionar la soberbia denuncia del Vaticano que hace en “Vaticano S.A.”, que anuncia: “Necesitamos de tu colaboración, para pagar los abogados de la Gorda, la genuflexa persignada tragahostias, ensotanada, tonsurada, y lujuriosa, necesitamos su limosna, por favor. A la sagrada institución ya no le alcanza…”. Y no, no se refiere a los correos de HazteOir pidiendo dinero por odiar, se refiere a la sede de Papa Francsico.

Y de la BolloGENIA es la más certera, perfecta y lúcida canción sobre la homofobia que se haya escrito jamás: “El chivo expiatorio”. “Perversión fascista para Stalin, decadencia comunista para Hitler, vicio católico para los católicos, vicio hugonote para los católicos…”

http://youtu.be/i98ZUrpxXo0

Tras muchos años creando verdaderas obras de artivismo social, Liliana entró en la piel del pueblo luchador.

Ese salto vino con la composición del que ya es el himno oficial de todas las protestas de izquierdas y anticapitalistas de América Latina: el inconmensurable “Nos tienen miedo”. Liliana cuenta la anécdota de que de camino a una entrevista, un coche se paró junto a ella y salió corriendo un chico de dentro y se dirigió a ella. “Ya me matena”, pensó ella. Pero el chico se plantó orgulloso y empezó a cantarle su canción, le dio las gracias y se marchó. Cuando el pueblo mexicano se lanzó a luchar contra la privatización del petroleo, esa fue la canción que unió a los manifestantes. Cuando en Honduras se denunció el golpe de estado que expulsó al posible aliado de Chávez para suplantarlo por otro monigote de los EEUU, ese fue el himno que todas y todos cantaron.

Y ahora reto a cualquiera que haya luchado y se haya manifestado a ver este video sin llorar de emoción y orgullo:

No en vano, me he permitido utilizar la letra de esa obra de arte como introducción a mi venidero ensayo Adiós, Chueca (Memorias del gaypitalismo: creando la marca gay). Liliana nos recuerda nuestro tesoro a las mal llamadas minorías o disidentes.

Hece años que Liliana debería estar en todos los festivales, teatros y congresos de España. Pero su discurso, como su cabaret, es incómodo. Es lo que pasa con las verdaderas iconos, feministas, activistas, artistas, creadoras, revolucionarias… no van bien con la complacencia capitalista.

[Nota para lectorxs de fuera de España: bollo/bollera es un insulto popular que se profería a las lesbianas en España, seguramente por la tarea de “amasar los pechos como pan”, y que finalmente reclamamos con orgullo como nuestro para desactivar su creencia de que ellos marcan los parámetros del insulto y el halago. “¡So bollo!” es ahora una interjección admirativa si viene de otra bollo, una persona trans o una marica]