El paro entra en campaña electoral

El récord de 4.010.700 parados era un dato demasiado goloso para que el PP malgastara un cartucho en calentar las elecciones al Parlamento Europeo. El interés de Rajoy por la UE es directamente proporcional a la diligencia con la que está elaborando su lista para el 7-J, de la que sólo ha asomado la grisácea cabeza de Jaime Mayor Oreja.

Un dato tan goloso, decía, que la maquinaria electoral popular decidió convertir el acto europeo previsto en Madrid en un mitin sobre el empleo. Si uno es capaz de olvidar la demagogia del gesto, puede incluso admirar la eficacia del PP a la hora de reaccionar mediáticamente ante la realidad. O su optimización de los recursos: puestos a promocionar un candidato, mejor Rajoy que Mayor Oreja, no vaya a ser que se desperdicien energías en una campaña para Bruselas cuando lo que hay buscar son los ingredientes para cocinar una moción de censura.

Estrategias partidistas al margen, tranquiliza que Zapatero se niegue a abaratar el despido aunque Rajoy incluya esa exigencia en su paquete anticrisis bajo el tópico eufemismo de la “reforma laboral”. Pero inquieta comprobar que resultan insuficientes las medidas adoptadas para reactivar la creación de empleo, que adelgaza la bolsa prevista para gastos sociales y que Zapatero y Rajoy siguen creyendo que, si esto se hunde, ellos serán los únicos que se salven.