La bolsa y la vida

Primero supimos que el millón doscientas mil personas (o más, según los organizadores) que llenaron el centro de Madrid con gritos en contra del aborto eran poco más de 50.000 ciudadanos. Después nos enteramos de que el apoyo del PP a la protesta era un respaldo sólo a medias y estaba cargado de culpabilidad por haber gobernado ocho años sin encarcelar a las mujeres por interrumpir su embarazo, que es lo que reclaman los ultras del movimiento antiabortista.

Llegó luego la realidad parlamentaria y desmintió el bulo de que esta ley sólo la apoya la izquierda. Esta misma semana, el otrora católico PNV anunció su apoyo a una reforma que consolida el derecho de la mujer a decidir cuándo quiere ser madre.

Los datos sociológicos que aporta la encuesta que hoy ofrece Público demuestran que sólo el 12,5% de los ciudadanos considera el aborto un delito y aboga por prohibirlo.

Y para rematar, ahora sabemos que los días previos a la marcha antiaborto de Madrid (ese “grito masivo por la vida”, como la definió la derecha más ultra) los líderes de las principales organizaciones convocantes estaban inmersos en una encarnizada discusión. En su edificante intercambio de correos electrónicos descubrimos su auténtica preocupación: era la bolsa, no la vida.