Descrédito y otros fenómenos

Con un Gobierno aturdido y el PP elaborando su programa electoral a golpe de telediario, no es de extrañar que la sociedad perciba a los políticos más como un problema que como una solución, como ratificó el barómetro del CIS de ayer. En ese clima de descrédito crecen y se multiplican nuevos fenómenos políticos que pueden acabar marcando el rumbo de los grandes partidos tradicionales.

De momento UPyD es la formación que saca más rédito de esta situación, al haber conseguido que un buen número de personas perciban la formación de Rosa Díez como algo ajeno al stablishment partidista. El barómetro del CIS sitúa a la ex socialista como la política mejor valorada y otorga a su formación un salto de casi un punto porcentual, el mismo espacio que cede el PP.

Los de Rajoy observan el fenómeno con creciente preocupación y ya están dando muestras de saber en qué terreno se disponen a disputar el voto que se les fuga hacia esa joven formación: la arriesgada carrera de la demagogia.

La Comunidad de Madrid es un laboratorio perfecto para probar los efectos perniciosos de la desafección. Gobierna un PP roto por la sempiterna lucha entre Aguirre y Gallardón, aderezada ahora por los casos de corrupción y de espionaje político en vías de ser juzgados. Y enfrente hay una oposición que no acaba de asentarse como alternativa real de gobierno.

Madrid será la estrella del partido que se jugará en junio de 2011. El PP no puede permitirse perderla y el PSOE necesita soñar con ganarla.

Las encuestas que manejan los conservadores (otras anteriores del Partido Socialista de Madrid daban similares resultados) predicen que el partido de Rosa Díez entrará en el Parlamento regional con entre 7 y 9 escaños, y eso que ni siquiera tiene candidato. La irrupción de UPyD en la Asamblea de Madrid, en su mejor resultado previsto, amenaza una mayoría absoluta que ahora es más imprescindible que nunca para el PP, necesitado de preservar en la comunidad todos los resortes del poder para arrostrar sin lesiones graves los juicios de la Gürtel y de las gestapillos.

La maquinaria de Esperanza Aguirre ha tomado nota. La presidenta ya se ha puesto al frente de las propuestas más populistas, esas que también propugna la ex socialista Díez y que están siendo apoyadas por parte de ese electorado hastiado de los grandes partidos nacionales.

Endurecimiento penal, estigmatización de la inmigración y radicalización del mensaje centralista y antinacionalista ya están en el discurso. Todo vale para preservar los 67 escaños actuales.

¿Y la izquierda? Rosa Díez no sólo es un riesgo para la derecha, los socialistas también temen el mordisco de esa fuerza emergente, aunque están convencidos de que la herida en el PP será mayor. Hasta Izquierda Unida, inmersa en un eterno proceso de renovación interna, puede salir perdiendo en el reparto de escaños al entrar otra fuerza en la Asamblea.

En Madrid no hay más alternativas con posibilidades. Al menos no hasta ver si cristaliza el tibio amago de los ecosocialistas catalanes de ICV por construir una plataforma de izquierdas.