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El sucio rastro de las palabras

La Comisión Antiviolencia del Consejo Superior de Deportes ha decidido pedir a la Federación Española de Fútbol que sancione a José Mourinho y Manuel Preciado por su cruce de declaraciones previas al partido Sporting de Gijón-Real Madrid del pasado domingo. Mourinho aseguró en un programa de radio que el entrenador del Sporting poco menos que se había dejado ganar por el Barcelona en su visita al Camp Nou. Estas palabras no gustaron a Preciado quien, en su intento de criticar lo dicho por el portugués, soltó una serie de amenazas y descalificaciones que sólo sirvieron para caldear el ambiente.

De modo que en el terreno de juego se vieron más faltas que buenos pases y tan solo un gol, el que anotó Higuaín para certificar la victoria del Madrid. Del encuentro quedan en la retina las patadas de los jugadores del Sporting a Ronaldo, que terminó pidiendo "más y más" ante los abucheos del público mientras el árbitro expulsaba a un jugador del conjunto asturiano.

Ahora el CSD actúa como lo hace la NBA: a quien se pasa de la raya hablando, multa. Es tan sólo una petición, pero es un paso adelante. Y es que nos estamos acostumbrando a que cualquier declaración valga (no sólo en el fútbol, en todos los ámbitos de la vida) y eso es muy peligroso. Cada día, los futbolistas y entrenadores sueltan cosas como "tenemos que dejarnos la vida" o "será un partido a vida o muerte". También los periodistas cometemos el error de ensalzar hasta la épica un simple partido de fútbol. Las palabras "guerra", "choque", "batalla" y demás, son el pan de cada día.

Ni es una "guerra" ni depende la vida de nadie en los 90 minutos que dura un partido. Se trata de fútbol, un juego que debería convertirse en un espectáculo deportivo y no en un triste espectáculo deportivo. Actuaciones como las de Mourinho y Preciado avergüenzan, por mucho que nos empeñemos en echar la culpa a uno u otro. Ambos estuvieron mal y deberían pagar por ello.

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