Mi televisión y otros animales

Ese vicio solitario

Leyendo el último post del blog de Ángela Armero me he acordado de otro de James Hibberd en The Hollywood Reporter. Y si con este arranque tan pedante no he conseguido que dejes de leer esta entrada, mereces un premio. O un tratamiento psiquiátrico.

Ángela es guionista de televisión y leerla es una experiencia que todo aficionado a la televisión debe de tener. También al Guionista Hastiado, al Pianista en un Burdel, etc. Ahorraría al equipo de moderación de esta bitácora un montón de clics en la opción "Suprimir".

La tesis del post de Ángela habla de la función social de las series en nuestras vidas, de cómo ocupan un espacio importante en nuestra cotidianidad. Ella se refiere al paralelismo entre el devenir de las ficciones y nuestra propia existencia y cómo compensa la previsibilidad de las tramas lo poco que podemos anticipar los acontecimientos del mundo real. Añado que los personajes de televisión son los únicos en los que podemos confiar plenamente. En ellos y en los gilipollas, que tampoco te defraudan nunca.

Sabemos que House al final salvará al enfermo, que haga lo que haga Jack Bauer, en el fondo tiene un buen motivo y que tarde o temprano el Duque y Pablo Motos enseñarán la tableta de chocolate. Esa confianza hace que sean más familia que nuestra propia familia y más reales que muchas personas de nuestro entorno. Así es posible oír cosas como "el presidente Bartlett nunca haría algo así" o "no entiendo por qué Marge Simpson se empeña en llevar ese moño con lo bien que le queda el pelo suelto" (y ambos ejemplos son reales).

Con esto en mente, no era necesario el estudio de varias universidades americanas, entre ellas la de Buffalo (nada que ver con Juncal). Sugieren que la televisión amortigua el sentimiento de soledad de los espectadores al proporcionar una sensación de interacción social. Vamos, que la tele es el McDonald's de las relaciones humanas. Que si no puedes irte de cañas con Zapatero, te apaña la tarde ver a Sam Tyler de whiskys con Gene Hunt.

Por todo esto, Emilioaragón, es por lo que te saludo cuando nos cruzamos por la calle. ¿Puedes retirar la denuncia ya, Nachete?