¡Tele, mentirosa, mala!

Mira que lo avisé, ¿eh? (efecto de flashback):

¿Hacía falta molestar a una tribu indígena para putear a unos cuantos españoles?¿No bastaba soltarlos en el Carrefur un sábado a principios de mes? Me atemoriza pensar en la reacción del colectivo de antropólogos. Estamos en peligro, amigos.

(efecto de volver del flashback) Pues ya ha empezado el contraataque. Todo era una engañifa. Las tribus no viven donde nos dice Nuria Roca, no hacen lo que ponen en el programa y yo empiezo a tener mis dudas que sean negros de verdad. Porque, ¿cuánto hace que no vemos a Zaplana?

Las mentiras ya las explican muy bien en El mundo… er… me refiero a esto de las tribus, no me entiendan mal (actualización: Diego Barcala lo cuenta incluso mejor en Público, pero comprendan que se me fastidiaba el chiste). Bueno, va, nosotros a lo nuestro: a rajar. Y a rajar de la tele. ¿Quién quiere hablar de ética? Pues eso.

El asunto este de las tribus ha coincidido en el tiempo con De buena ley, otro programa en el que la realidad se ha aderezado con unos cuantos actores. Ven a cenar conmigo tira de agencia para seleccionar a sus candidatos y sospecho que es la misma que busca concursantes para Elígeme y Mujeres y hombres y viceversa, etc. Hemos llegado al punto en el que vemos a un ama de casa en tratando de resolver un grave conflicto familiar con el juez más dicharachero de la tele y podemos exclamar: “ay, me gustó más en El juego de tu vida. Se le veía más fresca”. Menos mal que Emma García no presenta De buena ley, que ustedes son muy mal pensados.

Lo que no entiendo es a qué viene toda esta impostura. Si me permiten una línea de pedantería, yo firmo un pacto ficcional con la tele cada vez que la entiendo. Asumo que lo que me van a contar no es verdad, al menos no en todos sus aspectos. No creo: “oh, dios mío, si cojo un avión entre Sidney y Los Ángeles puedo acabar todo tarado en una isla secreta como el calvo ese”. Tampoco pienso: “oh, qué socialista es Zapatero” ni que usar jessextender sea la mejor idea que he tenido en mi vida. Lo de los Ginsu sí: eso sí es verdad.

Por poner un vídeo, ¿no sabes?

Con todo esto quiero decir: ¿qué necesidad hay de intentar hacernos creer que lo que pasa es realidad? En la mitad de lo que cuentan como realidad descarnada, la presencia de un observador ya modificaría el fenómeno; es lo que en cuántica se llama principio de  Heisenberg (aún tengo resaca de The Big Bang Theory). Pero lo más importante es que da igual. No importa que las teles ficcionen. Miren la audiencia de las miniseries “basadas en hechos reales”. Miren el share combinado del discurso de navidad de Juan Carlos.

Lo que molesta es que lo hagan mal. Lo de Perdidos en la tribu lo hubieran hecho en Faunia con unos manteros y seguramente hubiera atraído al mismo público. Usa actores para De buena ley, vale, pero actores buenos, que no tengan por subtexto: “con lo que me saco hoy, me da para el alquiler y un bocata de anchoas”.

Y dales un guión de verdad, hombre por Lazarov. Si tal y como están las cosas, por cinco tapas de yogur sin chupar te escriben uno bueno, bueno.