Tomar partido

Carta a una amiga

Nos vemos poco últimamente. Menos de lo que me gustaría. Ya sabes: muchos líos y demasiados aviones, el tiempo escasea… aunque como dices siempre, no me puedo quejar, sabía a lo que me comprometía cuando me metí en esto. Pero no quería perder la oportunidad de comentarte lo que, en mi opinión, nos jugamos en estas elecciones. Tú sabes mejor que nadie que, a pesar de lo que dicen algunos partidos en muchos medios, las cosas no están bien. Por desgracia, en política se habla mucho sobre un montón de cosas pero muy poco sobre los problemas cotidianos de la gente que tiene que pasarse muchas horas en el curro para poder ganarse la vida.

La última vez que nos vimos me contabas que estabas trabajando de teleoperadora, cobrando 700 euros al mes por 10 horas de trabajo, con comisiones ridículas por venta y con uno de esos contratos precarios de "fin de obra" en los que sientes la presión constante de que, en cualquier momento, te puedes ir al paro. Cuando los directivos de tu empresa cobran casi tu sueldo en un solo día. ¡Y luego algunos nos dicen que ya no existen las clases sociales! Aquella vez me comentabas cómo afectaba todo eso a tu vida: estar siempre con el dinero justo para llegar a fin de mes, siendo consciente de lo difícil que sería encontrar otro puesto de trabajo si te despidiesen y que no encontrarlo podría suponer volver a casa de tus padres… con 34 años.

Recuerdo que siempre que hablábamos de política tú tomabas cierta distancia irónica y me decías, medio en broma, que solo la verías distinta si gente como nosotros pudiera echar a los del PP y del PSOE de una vez. Porque, como bien decías, cuando te levantas cada mañana para ir a currar no te sientes ni de izquierdas ni de derechas: te sientes explotada. ¡Ni te imaginas la de veces que he utilizado esa frase en mítines y conferencias! Pues, para que veas, esta vez tenemos la oportunidad de cambiar las cosas. Y cambiarlas significa que gente como tú tenga voz y capacidad de decisión para perderle el miedo al paro y a la precariedad. Cambiarlas significa, simple y llanamente, que la política consista en hablar sobre los problemas reales de la gente corriente y en buscar soluciones. Porque, al final, como tantas veces hemos hablado, la pregunta es bien sencilla: si yo genero riqueza con mi trabajo, ¿por qué se la quedan otros?

Ya sé lo que estás pensando: en campaña electoral siempre se promete de todo y luego no se cumple nada. Y tú, como tantos otros, ya estás harta de tantas promesas. Créeme, no eres la única. Así que lo único que nosotros vamos a prometer es que, si ganamos, vamos a poner todos los medios para que desaparezcan todas esas trampas legales y alegales que les hacen la vida tan difícil a las y los trabajadores como nosotros. Eso es solo cuestión de voluntad. Y de eso sabes que tenemos, y mucho.

A estas alturas estarás pensando, "Hostias el Miguel qué electoralista se nos ha vuelto". Como si no te conociera… Descuida, sigo siendo el mismo. Sigo igual de convencido que antes de que votar es importante, pero no suficiente. No solo no he cambiado de opinión, sino que cada vez estoy más seguro de ello: no basta con votar, hay que dar la batalla y organizarse en todos los frentes que sea necesario. Y eso incluye también, cómo no, los centros de trabajo. Porque, entre otras cosas, queremos ganar para que tengáis un gobierno aliado, a vuestro servicio.

Bueno, poco más. Sólo pedirte un favor: convence a tus amigos, compañeros y compañeras de curro, a tu familia. Esta vez puede ser distinto… ¡Qué narices! ¡Va a ser distinto! Que por nosotros no quede, ¿no? 😉

Mucho ánimo con todo. Nos vemos muy pronto. Un fuerte abrazo