El terrible secreto de Revilla

         

Aún no salgo de mi asombro. He escuchado una y otra vez las palabras del presidente cántabro y sigo sin creérmelo: ¿de verdad este hombre se fue de putas cuando tenía dieciocho años? Increíble. Comprendemos que haya tardado casi cincuenta años en confesarlo, pero ¿cómo ha podido vivir tanto tiempo con ese secreto?

Se entiende la indignación del PP cántabro. Que caiga todo el peso de la ley sobre Revilla. Y por supuesto, que dimita. No puede ocupar un cargo público un monstruo así. Pero antes, queremos saberlo todo. Que nos cuente en qué país pudo hacer algo así. Porque lo que está claro es que no fue en España, claro que no. Todos sabemos que cuando el señor Revilla tenía dieciocho años, hacia 1960, España era un país libre de prostitución. No porque estuviera perseguida, sino porque no había demanda: se admitía el sexo libre, los jóvenes recibían educación sexual en los colegios, había expendedores de condones por todas partes, el pensamiento igualitario impregnaba la sociedad entera, y las instituciones hacían campaña contra el machismo.

Si alguien, como el monstruoso Revilla, quería entonces comprar sexo, debía marcharse al extranjero: a algún país de aquellos catolicones e hipócritas, donde los jóvenes no podían tener sexo hasta el matrimonio (y sólo para procrear), las parejas eran multadas por besarse en el parque, y donde sin embargo había pisos con niñas para que los caballeros se desfogasen a la salida de misa. ¿Qué pretende Revilla? ¿Que los jóvenes de hoy crean que hubo un tiempo en que irse de putas estaba bien visto?