Trabajar cansa

Nos vemos en la montería

                                      

"La gente puede coincidir en muchos sitios; un juez no puede vivir incomunicado de la realidad" -Alvaro Cuesta, diputado del PSOE-

                                   

El mundo es un pañuelo, ya saben, y en los sitios más insospechados te encuentras a quien menos esperabas. Hay gente que se encuentra casualmente en el supermercado, a la salida del cine o en la mesa vecina del restaurante. Y hay, también, quien coincide en la misma montería un domingo, pegando tiros a los ciervos.

De hecho, hay gente que sólo coincide yendo de caza. En las monterías la gente se encuentra, se conoce, hacen amistad y, ya de paso, surgen negocios. En plan relajado, eso sí, paseando por el monte, presumiendo de escopeta, comiendo de pie del caldero.

Nuestras elites son muy aficionadas a vestirse de verde los domingos, pagar una pasta por un puesto, acuclillarse y esperar a que ladren los perros para matar bichos. El rey es el primer cazador, y no le hace ascos a nada, lo mismo un jabalí que un oso ruso. Algunos gustan de emociones fuertes, y se van a África a buscar algo más que un vulgar venado para adornar el salón.

Yo no creo que la montería de Bermejo y Garzón tenga nada de conspiratorio. Para hacer apaños no necesitarían exhibirse, lo podrían hacer en un sitio más discreto, o por teléfono. Pero la imagen que dejan es, cómo decirlo con suavidad, un asco. Porque al margen de consideraciones éticas o ecologistas, la caza mayor está asociada en el imaginario ciudadano a los mamarrachos retratados por Berlanga, o incluso a los señoritos de Los santos inocentes.

Aunque si un ministro socialista y un juez de causas nobles van de montería, tal vez es que nosotros estamos desfasados, y en realidad debamos agradecerles el esfuerzo por dignificar la caza.