Por fin una mano ignífuga

                          

“Como no tengo absolutamente ninguna duda, yo sí pongo la mano en el fuego por el presidente Camps” -Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón-                     

                    

Quienes lo tratan en la intimidad dicen que es un cachondo, que una velada con él tiene risas garantizadas. Es entonces cuando se transforma en Charly y se esfuma ese aspecto hosco con que suele salir en las fotos. Sus compañeros están habituados a chistes como el de ayer. 

En el vodevil pepero sólo faltaba él, aunque todos preferirían que se quedase al margen. Sin embargo, el presidente de la Diputación de Castellón ha pensado que puede prestar un buen servicio al partido, uno más. Mientras los líderes se escabullen y evitan poner la mano en lo que parece ya una hoguera, y nadie se fía de nadie ante la próxima filtración, ahí llega Fabra, generoso como suele: “¿Qué pasa, que nadie se atreve a poner la mano? ¡Pues aquí tenéis la mía, a prueba de fuego!” 

En realidad, en tiempos de tribulación como vive el PP, es bueno escuchar la voz de los viejos sabios de la tribu, y nadie como Fabra para dar consejos sobre sospechas de corrupción. De hecho, no sólo puede poner la mano en el fuego. También la puede poner en el hombro de los acusados, para darles un mensaje tranquilizador: “No te preocupes, colega, que no te va a pasar nada. Mírame a mí. Llevo cinco años imputado, todo en mí es sospechoso, y si embargo ahí sigo, al frente del partido y gobernando la provincia.” 

Además, si sus compañeros se dejan, todavía puede ofrecer al partido otra capacidad asombrosa de esa misma mano ignífuga y consoladora: la buena fortuna. Esa misma mano ha elegido varias veces el décimo premiado de la lotería. La mano de la suerte. Yo correría a estrecharla.