Trabajar cansa

Puticlubs, un sector en alza

"Yo no tengo cámaras, no puedo ver lo que hace una chica en su habitación. No me dedico a la prostitución, yo soy empresario" -Manuel Salazar, gerente del Club 2000 de Murcia-

 

Si usted viaja en coche, habrá notado que hay un sector que florece junto a la carretera, y crece cada vez más. No me refiero a las huertas solares ni a los parques eólicos, sino a otra actividad que encaja peor en el "nuevo modelo" productivo: los puticlubs.

Siempre ha habido, es verdad. Pero últimamente se ven más que nunca. No tenemos datos del ministerio de Economía para afirmarlo, pero basta salir de viaje. En áreas de servicio, a la salida de pueblos o en polígonos industriales. Pero además, los que hay son más visibles, se anuncian más, sin ningún disimulo por su actividad.

Siempre me ha hecho gracia la manera en que se presentan las operaciones policiales contra clubes de carretera. "La guardia civil descubre un local donde se explotaba a mujeres", suelen decir. Menudo trabajo de investigación, oiga. ¿Cómo lo han descubierto, linces? ¿Qué les hizo pensar que tras ese neón luminoso que dice "Conejitas" podía haber un negocio de prostitución?

En realidad, estos locales confían en su visibilidad luminosa antes que en una clandestinidad que les daría más problemas. Todo el mundo sabe lo que se hace allí, pero nadie ve nada, a lo que contribuye la ambigüedad legal.

Total, también sabemos que en tal o cual empresa se explota a los trabajadores, pero nunca lo denunciamos, y hasta echamos la bronca a la cajera del súper. También su explotación es legal, consentida, como se dice de las prostitutas a las que inocentes empresarios ceden espacio para sus actividades.

Mis reparos con la prostitución no son morales, no es porque se mezcle sexo y dinero. Lo que me avergüenza es la explotación brutal a que son sometidas, y encima con luminosos.