Trabajar cansa

Los ultracatólicos me lo ponen demasiado fácil

"En la perspectiva de la fe, la política constituye un lugar de santificación y medio privilegiado para lograrla" -Manifiesto del Congreso Católicos y Vida Pública-

               

Cuando empecé a escribir columnas me propuse, entre otras, una norma: evitar lo previsible, no escribir sobre asuntos demasiado obvios. Me he saltado muchas veces la norma, lo sé; pero decenas de columnas terminaron en la papelera por gratuitas.

Por eso no pienso escribir nada sobre el congreso "Católicos y vida pública" que celebró el fin de semana la Asociación Católica de Propagandistas. Lo tenía apuntado en la agenda, pero al final lo he descartado como tema. Para un columnista anticlerical parece obligado escribir sobre algo así, más después de leer lo que allí se dijo. Pero no lo haré. Así se las ponían a Fernando VII, y Público me paga para que me esfuerce un poco.

Así que no comentaré nada del programa, ese batiburrillo de aborto, corrupción, píldora postcoital, crisis económica, laicismo y el inevitable relativismo. Tampoco esperen que diga una sola palabra de las comunicaciones presentadas, con títulos como "La vocación política como camino de santidad", "Cuando el Estado obliga a pecar", o "Católicos: inseparables de la libertad". Por supuesto, nada que decir de la propuesta de Manuel Pizarro para salir de la crisis Biblia en mano. Y ni una broma sobre el programa infantil, que incluía un "Cine-forum sobre Isabel la Católica".

Me morderé la lengua para no decir nada del manifiesto leído en la clausura, que pide una mayor presencia de católicos en la política como fórmula para acabar con la corrupción y regenerar el país en lo moral y lo democrático. Sería demasiado fácil poner ejemplos de políticos de misa diaria y fe talibán que han metido la mano en la caja, y yo no lo haré. Lo dicho: no dedicaré una sola línea a asuntos tan obvios.