Trabajar cansa

El cliente siempre tiene razón

"El cinco de enero, víspera de Reyes, nuestros centros permanecerán abiertos hasta las doce de la noche" -Publicidad navideña de El Corte Inglés-

                 

Acabamos de salir del mes más comercial del año, con las tiendas abiertas a cualquier hora para las compras navideñas, y ya las grandes superficies anuncian la apertura el próximo domingo. Ni un día de descanso, que vienen las rebajas y aunque estemos tiesos hay que seguir consumiendo, que no se pare la máquina. 

Y claro, como el cliente manda, los vendedores le ponen todas las facilidades posibles, empezando por el horario: tiendas abiertas en domingos y festivos, y hasta la medianoche si hace falta, como la pasada noche de reyes, por si alguien no tuvo tiempo para comprar sus regalos en las semanas previas. Lo mismo pasa el resto del año, sobre todo en Madrid, donde cada vez abren más domingos, aunque nunca es suficiente a criterio de nuestros liberales gobernantes, reacios a restringir la llamada "libertad de horarios". 

Las consecuencias de ese non-stop las pagan, por supuesto, los trabajadores, obligados a trabajar festivos, alargar jornadas y rotar en horarios. Ah, pero que no pidan cuentas a sus empresas ni a los gobernantes, pues unos y otros se limitan a atender la demanda del omnipotente cliente, ese que siempre tiene la razón y al que hay que dar satisfacción, según la vieja máxima empresarial. 

¿De verdad somos los clientes quienes pedimos poder comprar en domingo o de madrugada? ¿Somos nosotros los que exigimos un producto o servicio a cualquier hora del día y con entrega inmediata? Es decir, ¿somos nosotros los que apretamos a los trabajadores? ¿O más bien son las empresas las que nos usan como coartada para cada vuelta de tuerca? Pero claro, como somos al mismo tiempo trabajadores y clientes, y unas veces apretamos y otras nos aprietan, pues lo que nos echen.