Trabajar cansa

Por el bien de los niños

"Rescatamos huérfanos, abandonados y pobres, para mostrarles el amor de Dios y darles una nueva vida en Cristo." -Declaración de New Life Children’s Refugee- 

               

La detención de diez estadounidenses cuando intentaban sacar de Haití un autobús lleno de niños para adopción, que resultaron no ser huérfanos, pone sobre la mesa un tema delicado, controvertido y pocas veces abordado: la adopción internacional de niños en países pobres o, como Haití, en estado de catástrofe. 

Hace tres años hubo un incidente similar en Chad, donde una ONG francesa intentó sacar a más de cien niños, presentados como huérfanos sudaneses, y que resultaron ser chadianos y con familia. Como en el caso de Haití, los detenidos alegaron una noble intención: dar una vida mejor a los niños. 

Mi amigo José Cendón, fotógrafo que lleva varios años en África, me cuenta lo que pasa en Etiopía, donde vive. En este país, uno de los más pobres, las adopciones internacionales se multiplicaron por diez en sólo cinco años, y se sospecha que se ha desarrollado un turbio negocio que se aprovecha por igual de la penuria de las familias etíopes, y de las buenas intenciones y el deseo de paternidad de los adoptantes. Entre ambos han aparecido intermediarios que cobran por la gestión, y una creciente corrupción. 

La situación de estos y otros niños es terrible allí, qué duda cabe. Sean o no huérfanos, a veces los propios familiares los entregan, a cambio de dinero o de promesas de futuro. En Haití, por ejemplo, presentaban un documento a las familias detallando las instalaciones donde vivirían los niños (con campo de fútbol y piscina, decían), y prometían facilidades para visitarlos. 

Me dice Cendón que en esto también funciona la ley del mercado: "cuanta más demanda de niños hay, más oferta aparece." Y hoy muchos ven a Haití como una potencia exportadora.