Los empresarios prefieren las distancias cortas

“Se requiere un sistema de negociación salarial mucho más flexible y descentralizado, que responda a las condiciones de cada empresa.” -Francisco González, presidente del BBVA- 

   

Para muchos empresarios, la relación ideal con sus trabajadores, a la hora de negociar cualquier cambio en las condiciones de trabajo, ya saben cuál es: “Le espero en mi despacho”, seguido de “Pase y siéntese, y cierre la puerta, por favor.” Así es como se establecen unas relaciones laborales como está mandado: cara a cara, de hombre a hombre, solos usted y yo y con la verdad por delante, ya verá cómo conseguimos entendernos. 

Todo lo que se salga de esa intimidad es enredar por enredar: que si delegados sindicales, que si comité de empresa, y venga reuniones, y luego asambleas de trabajadores, y más reuniones. Qué manera de perder el tiempo. Y no digamos ya si la cosa se va más arriba, a la llamada negociación colectiva, cuando nuestro empresario ni siquiera participa pues delega en sus representantes patronales. Al final al empresario le vienen dadas las condiciones salariales y laborales para los suyos, con lo fácil que habría sido llamarlos uno a uno al despacho para hablar a pecho descubierto. 

Se entiende por eso que la patronal, y sus primos ideológicos (incluido el inevitable FMI) lleven tiempo pidiendo cambios en la negociación colectiva, para que las cosas se negocien a ras de suelo, en cada empresa, y no en ámbitos territoriales o sectoriales. Se entiende que lo prefieran, pues es obvio que cuando más íntima sea la negociación, menos fuerza tienen los trabajadores, cuya capacidad de diálogo varía mucho si van de uno en uno al despacho, o presionan todos juntos. 

La reforma laboral que el Gobierno quiere sacar adelante incluye cambios en la negociación colectiva, aunque pasan un poco desapercibidos, todos pendientes de si los despidos serán de 20, 33 o 45 días. La reforma propone más facilidades para que las empresas se descuelguen de los convenios colectivos. Algo que, por muchos arbitrajes y garantías que se fijen para que los trabajadores tengan voz, es una forma de debilitarlos, y puede ser sólo un primer paso para cambios mayores. 

¿Adivinan cómo han llamado a la cosa? Acertaron: flexibilidad. Ya podían ser un poco más originales.