¡Y el ministro de vacaciones!

“Me tomé cinco días de descanso porque necesitaba reflexionar sobre estrategias, listas electorales y proyectos de futuro, pues el día a día no lo permite.” -José Antonio Monago, presidente del PP de Extremadura-

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Hace unos días nos escandalizamos viendo cómo un ex alcalde condenado por corrupción –y que aún debe varios millones- tomaba el sol en la cubierta de un yate. “Las vacaciones de lujo de un insolvente” titulaba la revista Interviu, ilustrándolo con una foto en pelota del pájaro.

No sabemos si la revista ha inaugurado con este reportaje un nuevo género periodístico que podría triunfar este verano: cómo pasan las vacaciones quienes no deberían tener vacaciones. Ahí no sólo incluiríamos corruptos condenados; también muchos imputados y sospechosos, y la lista es larga. Como además muchos se concentran en zonas costeras, la tentación playera lo pone fácil para los paparazzi.

Y no nos quedemos en los corruptos. Pensemos también en empresarios con más de un pufo a sus espaldas, empezando por el patrón de patrones. ¿Qué hará Díaz Ferrán este verano? ¿Pescará en su yate, como suele? En ese caso, que lo haga mar adentro, porque imagino que a los trabajadores de Marsans no les haría mucha gracia ver la foto.

Los políticos son otro colectivo que también tendrá cuidado este verano. Con la crisis y el paro, se ha extendido entre ellos una consigna que pareciera circular en sms: “Este año vacaciones cortas y discretas. Pásalo.” Tanto en el gobierno como en la oposición, todos aseguran que este año tendrán pocas vacaciones, austeras, en el pueblo o poco más lejos, y a las que por supuesto se llevarán trabajo. Hasta la familia real dice que acorta este año su veraneo de dos meses a uno.

Se trata de demostrar que todos están sensibilizados con la situación de las familias, claro, pero también de ahorrarse fotos poco presentables. Pese a ello, no faltará el portavoz de guardia aprovechando alguna desgracia para decir eso de “¡y el ministro de vacaciones!”, algo que ya se ha hecho costumbre en veranos anteriores.

La demagogia es fácil en estos terrenos, pero qué quieren que les diga: pienso que todo el mundo tiene derecho a unas vacaciones. Y sobre todo no me gustan los políticos infatigables que se creen imprescindibles, ni las lucecitas del Pardo.